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Sacaron el cadáver de la abuela … ¿a tomar el sol?


De todas las experiencias que me tocó vivir gracias a mi suegrita, hay una que tiene un lugar especial en mi memoria; no necesariamente por su bondad o  grandeza sino porque nunca pensé que alguien común y corriente como mi suegra fuera capaz de ser la autora intelectual de un acto tan espeluznante. Ella tuvo la infeliz idea de exhumar los restos de su madre, enterrada hacía más de tres años, para trasladarla a un nicho contiguo al que estaría su padrastro cuando éste muriera.

El acto se llevó a cabo en ceremonia solemne a la que asistieron todos los hijos de la fenecida abuela y también el viudo (padrastro de mi suegra). Nadie esperó ver lo que se vio en ese momento. Al retirar los empleados del cementerio el féretro del interior del nicho y colocarlo en el suelo, todos los familiares se aglomeraron alrededor, curiosos como buitres; mas cuál no sería su impresión al ver que uno de los trabajadores destapó el féretro y dejó a la vista el cuerpo corrupto de la anciana. Lucía la ropa que le habían colocado al morir, mas en desorden, por el paso del tiempo. Los cabellos habían crecido y ondulado, y las manos, huesudas, se aprisionaban sobre el estómago como acusando un agudo dolor en la región ventral.

Muchos contenían el llanto, mas otros no podían. El cortejo siniestro acompañó al cadáver a su nueva “morada”, y, después de un rito religioso en el que hubo conmovedoras palabras del anciano viudo, se procedió a colocar la caja mortuoria en su nuevo nicho, en el que esperará la llegada de su esposo terrenal, de acá a unos meses o años (nadie lo sabe). Todos estos hechos fueron registrados con la cámara filmadora que portaba mi ex novio y los pude apreciar en el televisor ya que, afortunadamente, no pude asistir al acto macabro por motivos de trabajo.

El evento se comentó largamente en la familia y hasta ocasionó crisis nerviosas en uno de los hijos de la exhumada. Ni decir de mí, que hasta hoy no entiendo cómo alguien puede concebir una idea tan lóbrega como la de desenterrar a su propia madre por el solo capricho de una pose post mortuoria absurdamente romántica.

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    marzo 19, 2013 en 1:43 am

    Asuu, q espesos jaja

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