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Ahora tendrá que trabajar


Existe en la ciudad de Trujillo (Perú) un rimbombante personaje de ceniza cabellera, negra sotana y purpúreos fajín y kippa, que ostenta el título de Arzobispo Metropolitano de Trujillo. Este popularísimo religioso, ex capellán del ejército y no mal parecido, llegó a esta ciudad allá por el año 1999, año en que también llegué yo. A su arribo tuvo que enfrentar muchos anticuerpos pues, su antecesor, el Monseñor Pérez-Rosas, había sido muy querido y respetado por el pueblo.

Miguel Cabrejos Vidarte, como se llama el Arzobispo, posee todas las artimañas e intríngulis propios de la pelambre clerical: figuretismo mediático, falsa humildad y un casi inocultable deseo por arribar en su jerarquía. A su mando y organización tiene al Colegio Seminario San Carlos y San Marcelo, el centro educativo más antiguo del país y la gallina de los huevos de oro del Arzobispado de Trujillo.

Precisamente hablando de este colegio de donde egresaron ilustres personajes (como Víctor Raúl Haya de la Torre), se debe recordar que, en un nefasto año, sus viejas estructuras cedieron, dejando sin vida a cuatro niños que se encontraban en clase en ese momento. Debido a este incidente es que se empezaron a hacer planes para remodelar la centenaria casona antes de que se produjera otro lamentable incidente. Se habló de comprar un terreno en las afueras de la ciudad, donde hubiera más espacio para áreas verdes y lozas deportivas, sin embargo, esta propuesta resultaba demasiado cara y ello hubiera significado para el Arzobispado renunciar a las jugosas rentas que proporciona el centro educativo. La propuesta, entonces, quedó en el olvido, y la población escolar se resignó a permanecer en sus viejas aulas hasta terminar sus once años de estudios. Mas bien, ya que el número de estudiantes de este centro venía disminuyendo año a año debido al mal manejo de sus directores y a la nula distribución de presupuesto para mejorar su infraestructura (pues todo el dinero se lo quedaba el Arzobispado), incluso llegó a trascender que Cabrejos demolería el trajinado local para construir un lujoso hotel turístico y así generar más rentas para engrosar su peculio.

Pero ¡Oh, maravilla! En la visita de ayer que el presidente de la República, Alan García Pérez, realizó a Trujillo, se acabaron los problemas del Colegio Seminario. El mandatario entregó una subvención de S/. 7,557,376.00 (más de dos millones y medio de dólares americanos) al Arzobispo Cabrejos para ser usados en la reestructuración física del plantel. Quién sabe si el Arzobispo hubiese preferido que este dinero se le entregara en privado (a juzgar por su cara en la foto que apareció hoy en un diario local), ya que ahora toda la población trujillana estará con los ojos puestos en la remodelación del colegio. ¿Mala jugada del gobierno? ¿Será una manera del presidente de decir al Arzobispo: “se acabaron las propinas en privado, ponte ya de una vez a trabajar”?

Estaremos atentos a los acontecimientos.

  1. Johnn
    abril 20, 2011 en 2:29 am

    Don’t be that mean buddy. I remember my Ethic classes and I prefer to think of people’s goodness.

  2. abril 20, 2011 en 12:44 pm

    I am the meanest when it comes to express my opinions about all those who make a profit out of people´s ignorance and needs. If hell exists (which I doubt) all of those corrupt religious leaders should be there!

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