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Independencia y soledad: dos caras de la misma moneda


No hay nada más delicioso en este mundo que llegar a casa después de un día sobrecargado de trabajo y tensiones y poder relajarse sin que nadie moleste o esté ahí para reprochar que si uno llegó muy tarde o que no llamó o mensajeó durante la mañana. El hogar individual puede ser el refugio soñado para recuperar las energías y el buen ánimo perdidos en la diaria batalla con el exterior, pues la ausencia de compañía promueve el desarrollo de pasatiempos y el poderse dar ciertos gustos que únicamente a solas son posibles. Es más, todo ello cae a pedir de boca cuando somos adictos al trabajo y cualquier tregua nos viene bien, pues, el contraste de la tranquilidad es una bendición para nuestro ya crónico estrés.

Mas ¿Qué ocurre en los momentos cuando nuestra mente no tiene presiones laborales o académicas? ¿Qué pasa cuando lo que más tenemos en el lar son espacios vacíos, recuerdos, anhelos y una pc como único oasis, pero que al final sólo te puede ayudar a naufragar? ¿En qué se convierte el remanso de paz en las largas horas de un día (o noche) en blanco, sin ningún asunto qué atender? ¿De qué están hechas las paredes cuando no hay unos ojos colgados en los cuales reflejarse? Es aquí cuando la soledad se encumbra y agita su largo zurriago en amenazador gesto; es entonces cuando un ejército de demonios se libera para hendirte con sus trinches de ponzoñosa neurosis, a un ritmo tan vivo que todo alrededor empieza a dar vueltas poniendo frente a tus ojos imágenes del pasado y de lo que no pudo ser. Se siente, pues, intensamente el dolor que ejerce el vacío y huye de la memoria el millón de razones que te hicieron tomar la decisión de retomar las riendas de tu propia vida.

Si bien es cierto, la lucha por la emancipación sentimental costó mucho alcanzarla, y zafarse del yugo dejó heridas que aún están a medio cerrar, hay que tener mucho temple para manejar una vida en solitario. Es menester rodearse de gente real y compartir momentos de calidad con ellos; total, fue precisamente por ello que buscábamos ser nuevamente libres, para tener acceso a las personas que nos plazca y encontrar, talvez, un nuevo camino que nos conduzca a la felicidad.

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  1. junio 20, 2011 en 9:17 am

    no se puede tener todo en la vida, a veces se debe renunciar a ciertas cosas o hacer acuerdos que no sean perjudiciales para nosotros y para los otros, a mi la libertad no me falta…

  2. junio 23, 2011 en 9:39 pm

    Yo siempre he tratado de llegar a esos acuerdos; mas, en mi última relación, hubo ciertas cosas a las que definitivamente no pude ceder, pues ello hubiera significado el perder mi esencia y volverme un objeto que el viento pudiese arrastrar a voluntad.

    Menos mal que se abrió una puerta a través de la cual pude dejar toda esa manipulación atrás y recuperar mi vapuleado ego.

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