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¿Cuán devastador puede ser el desengaño?


Últimamente me he preguntado qué hubiera pasado si Lois Lane o Mary Jane Watson se hubieran enterado de que sus respectivos novios (Clark Kent y Peter Parker) eran seres con poderes especiales y que tenían que llevar su identidad tras la apariencia convencional de un ciudadano de a pie. ¿Hubieran aceptado igualmente una relación con ellos o los hubieran rechazado por considerarlos complicados y peligrosos? Ello nunca lo sabremos porque siempre vemos en los cómics, o en la pantalla grande, que estos superhombres cuentan con la aceptación incondicional de sus parejas, quienes, además, los admiran por ser como son y por diferenciarse tan claramente del resto de hombres del planeta.

Y algo similar ocurre en la vida real. Siempre que conocemos a alguien que reúne los requisitos para volver a intentar algo serio, adoptamos poses a veces disforzadas y artificiales e intentamos edulcorar nuestros defectos a través de actitudes que, de progresar el vínculo sentimental, se correrán como máscara rimmel de modelo llorona. ¿Qué hacer, entonces, para lucir auténticos desde la primera vez y no proyectar una imagen irreal y excesivamente perfecta? Habrá talvez que abrirnos la camisa para mostrar la “S” o la araña que llevamos en el pecho desde un primer momento y así evitar sorpresas a mediano plazo.

Mas parece que lo acabado de mencionar tampoco es la solución, ya que la mayoría de personas no somos superhombres que tenemos como misión salvar a la humanidad de algún terrible enemigo; somos simples mortales con más defectos que virtudes que llevamos una existencia muchas veces en contra de la corriente y luchamos día a día por mantener la cabeza fuera del agua. Nuestros anhelos y apetitos son desbocados mientras no tengamos dueño, pero nuestra lealtad y entrega se canalizarán en exclusiva si encontramos ese puerto, ese corazón que nos pueda albergar en todo momento por difícil que se tornen las circunstancias.

Es harto difícil entenderlo y el desencanto puede ser devastador –pues me ha tocado vivir una situación de este tipo en carne propia- pero es la realidad, y solamente una mente madura y un alma sincera serán capaces de entenderlo. Mientras ello no suceda, La Mazmorra de mi Suegra continuará siendo un escudo en el que chocarán todas las ilusiones y expectativas frágiles, manteniendo detrás mi personalidad cruda pero humana, deseosa por cambiar su rumbo por alguien que verdaderamente tenga el ingenio y la química para poder llegar a mí.

  1. julio 14, 2011 en 5:49 am

    José amigo, creo que eso de “…deseosa por cambiar su rumbo por alguien que verdaderamente tenga el ingenio y la química para poder llegar a mí” suena a un poco de chulería. Vamos que vas de creído un poquito.
    Todos sabemos lo que valemos como personas, pero condicionar todas las circunstancias que se dan en una relación a la otra persona me parece un poco egoísta. Por muy ingenioso o simpático en su forma de ser que sea el otro, no bastará para saber que es lo que verdaderamente te gusta y esperas, quien sepa eso entonces será un telépata.
    Mientras menos muros de hormigón te pongas las cosas surgirán como deben de surgir. Siempre hay que estar alertas pero sin necesidad de ponerse una coraza porque entonces seríamos seres supervivientes y no seres vivientes.
    Asi que ánimo. Ah! y tampoco esperes un superlativo completo, eso no existe y lo sabré yo que tuve que chocar muchas veces contra mi propio deseo insatisfecho en mi época veinteañera. Eso no quita que seas exigentes, creo que medida que vamos madurando nos volvemos mas exigentes pero el “mercado” esta lleno de todo tipo de personas y cada persona es mundo por descubrir, no hay que quedarse solo con el barco en la orilla viendo el paisaje, hay que entrar en él (en todos los sentidos je je je)
    Saludis

  2. diciembre 7, 2011 en 11:01 pm

    Mi querido y echado de menos Saulín:

    Me he puesto a hacer algunos ajustes al blog y me di con la sorpresa de que no había contestado a este comentario tuyo.

    Pues resulta que me refería aquí a quienes no te aceptan como eres cuado realmente les muestras tu lado mortal. Se les borra la sonrisa y emprenden la huida con el rabo entre las piernas. Mas tal vez sea lo mejor ya que alguien que no muestra firmeza de carácter desde un principio no podrá nunca estrechar lazos firmes en una relación.

    Saluditos.

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