Inicio > Pessoal, Sociedad > La monería como estilo de vida

La monería como estilo de vida


Conozco a Bartolomé desde que llegué a esta ciudad, en 1999. Éramos compañeros de oficina, trabajábamos lado a lado y, desde un inicio, me agradó su carácter afable y personalidad sencilla. El tiempo y las circunstancias hicieron que ambos abandonáramos el centro laboral donde nos vimos por primera vez y que emprendamos rumbos distintos en nuestras vidas; sin embargo, ello no impidió que nos mantuviéramos conectados a través de los años, a pesar de algunas pausas obligadas, ya sea de mi lado, ya sea del suyo.

Desafortunadamente y, quizás porque la soledad obra efectos inesperados en la mente humana, en algún momento del camino, Bartolomé empezó a cambiar. Su temprana sencillez y don de gentes se convirtieron en una insufrible pedantería que sólo encuentra sosiego entre las gentes que conforman las altas y pútridas esferas de la sociedad trujillana. Su desesperada necesidad de aprobación lo llevaron a sacrificar años enteros de privaciones económicas y consiguiente ahorro, en favor de la adquisición de un departamento en la zona más exclusiva de la ciudad; ello tan sólo para poder agasajar a sus amistades opulentas y arribistas. No es de sorprenderse que Bartolomé vista siempre a la moda y con las marcas más renombradas del mercado, ni que ostente una veintena de colonias que sólo un actor hollywoodense puede darse el lujo de usar. Tampoco es extraño para nadie que, cansado de gorrear movilidad en sus noches de juerga, haya decidido comprarse un auto de lujo, sumando esta nueva deuda a la que ya tiene por el departamento, el mismo que terminará de pagar pocos meses antes de su jubilación (dentro de 25 años o más).

Mas él se dice feliz. Frecuentando su “círculo” de personalidades de solvencia real, despilfarra el dinero que guarda bajo su colchón (ahorros producto de comprar sus artículos de primera necesidad en mercados mayoristas y de descuento) en fiestas de sexo y alcohol desmedidos para poder estar a la altura de sus “pares”. Pero, ¡Oh, pobre Bartolomé!, a solas llora su soledad hacinado en una habitación de 20 m2, compartiendo el único baño de la casa con otras 19 personas y con sólo una Pentium 2 por compañera … es que el alto préstamo de su departamento exclusivo es impagable para su realidad, y prefiere alquilarlo a terceros, pues vivir en él significaría dejar de socializar con aquella peste de ricachones y eso sí que sería una muerte en vida … ¿aceptar su cruda realidad? ¡Jamás!

Cualquier parecido con algún personaje de mi entorno es pura casualidad.
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: