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Activo + activo / Pasivo + pasivo. Alguien tiene que ceder


Actualmente es muy fácil obtener la respuesta “versátil” al preguntar a un gay acerca de su opción sexual. En ese caso, las posibilidades de complementación sexual son múltiples, ya que siempre habrá una manera de gozar del sexo si lo que buscamos es una penetración.  El dilema aparece cuando dos gays tienen la misma “inclinación” y para ambos, el jugueteo o el sexo oral no bastarían llegado el momento de la intimidad, pues el coito es un factor imprescindible en su vida sexual. ¿Qué hacer, sobre todo si hay un sentimiento de por medio y este “pequeño” detalle impide el que la unión se consolide? Citaré brevemente unos ejemplos a modo de ilustración de este tema.

Hace un tiempo conocí a alguien que me dijo que tenía una mezcla de dos sentimientos: emoción y preocupación. Emoción porque había conocido al hombre de su vida y pronto se iría a vivir con él. Era la realización completa de su existencia, lo que siempre había buscado; sin embargo, había un pequeño escollo en el camino: ambos eran activos, y ahí radicaba su preocupación. El chico de esta historia me dijo que “se inmolaría” por amor, considerando que era el menor de los dos la relación y que su futuro consorte no daría su brazo a torcer. Además, su pareja era descendiente de japoneses, y existía la creencia de que los nikkeis eran “maniceros” y este aspecto no le causaría tanta molestia a la hora de los encuentros (entiéndase que estos dos aún no habían tenido sexo). Finalmente no supe qué pasó con este “héroe” pues dejó de conectarse a la página en donde nos encontrábamos. Quién sabe el activo se cansó de ser el receptor del japonesito y, finalmente le pidió su “vuelto”, cosa que el otro no aceptó.

El otro caso corre por cuenta de  la casa. Mi último novio era activo, mas yo le aclaré al inicio de la relación que a mí también me gustaba, de cuando en cuando, explorar las entrañas de mi pareja a manera de reconocimiento de terreno. Él mostró preocupación por este punto ya que él había sido siempre activo y no estaba dispuesto a cambiar ese hecho; además, me dijo que al yo tener a un activo “latente” en mí, buscaría la manera de satisfacerme (si no era con él) con alguna otra persona y ello podría ocasionar un caso de infidelidad. En resumidas cuentas, en los dos años que tuvimos de relación, él “aprendió” a hacerme sexo oral y a prometerme que alguna vez – no muy lejana – se dejaría penetrar para satisfacerme. Verdades sean dichas, el romance terminó sin que se cristalizara esta promesa. ¡Qué nostalgia!

Me ha ocurrido también que he conocido pasivos que no están dispuestos a cruzar la frontera de su opción, o que me dicen: “lo siento, yo también soy pasivo, pan con pan no pega, bye”; cosas que considero fuera de toda lógica porque con un poco de ejercicio de actitud se puede llegar a un punto en el que ambos puedan gozar de sus cuerpos sin necesidad de ponerse una etiqueta prohibitiva. ¿Será tan difícil para algunos?

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