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En mis cuarteles de invierno y esperando la primavera


Definitivamente puedo decir que éste es uno de los inviernos más crueles que me ha tocado vivir en esta otrora ciudad de la Eterna Primavera. Pensé, antes de mis vacaciones, que los todavía días soleados de ese entonces nos acompañarían durante todo el mes de setiembre, pero me equivoqué; el clima nos ha dado con palo y el sol apenas si se ha asomado uno que otro día por algunas horas después del medio día, para después dar paso al viento helado y humedad de la noche-madrugada. Estas condiciones, más mi necesidad de adaptarme a mi nueva rutina de dos trabajos y un diplomado, me han hecho apartarme un poco de mi mundo real y virtual, pues la variable estos quince días ha sido dormir-trabajar-dormir-comer-estudiar-dormir-trabajar-dormir, sin tiempo siquiera para hincar el diente en algún trozo de carne joven y jugosa.

Mas, por otro lado, me felicito por la decisión de haber aceptado un segundo empleo pues, aun cuando no me reporta aún buenos resultados económicos, el cambio me ha hecho reavivar mi entusiasmo por trabajar; gracias a él puedo salir cada tarde mientras aún hay luz natural afuera y ver gente, casas y carros en mi trayecto mientras me desplazo a pie de una urbanización a otra. A pesar de terminar a veces mi jornada bien entrada la noche, es muy placentero abordar el bullicioso transporte público que me traerá de vuelta a mi dulce hogar. El levantarme casi de madrugada para enrumbarme a mi antiguo centro de labores ya no significa ningún sacrificio, pues sé, que, hora y media más tarde, volveré a encontrarme con Morfeo y otra vez dormir, trabajar, dormir, comer, estudiar, dormir, trabajar y dormir. No hay mucho (¿ninguno?) tiempo para la diversión, mas metabolizo las responsabilidades en entretenimiento y así mantengo mi equilibrio.

Soy consciente de que esta etapa es sólo de adaptación y que en pocos días habré encontrado el medio a través del cual pueda reinsertarme en los mundos que suelo habitar y que por nada deberé dejar.

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