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Archive for 30 noviembre 2011

Desetiquetando lo inetiquetable

noviembre 30, 2011 1 comentario

El día de la reunión mensual de profesores en mi centro de trabajo, saludé a una compañera que se reincorporaba luego de un mes de vacaciones. Ella tuvo a bien contarme lo bien que la había pasado en esos necesarísimos días lejos de la rutina y el estrés. Me confesó que, inclusive, había conocido a alguien muy especial y que estaba muy entusiasmada por él por todas las cosas bonitas que habían compartido en el último mes. Sin embargo, ella no sabía a ciencia cierta cómo continuarían las cosas, si es que su pretendiente querría algo serio o si después de cansarse de los placeres del cuerpo buscaría saciar su sed en otra fuente. Fue entonces cuando Pepito Corazón desplegó sus dotes de consejero sentimental para temas héteros (esto es ironía, por si acaso).

Le dije que viviera esta etapa de su vida día a día y que no intentara clasificar su incipiente vínculo como “noviazgo” o “amistad con derechos”, ni siquiera como relación; pues es cuando se pone nombre a las cosas que más se les echa de menos cuando se van. Mientras yo le decía esto, me observaba a mi mismo desde fuera y me sorprendía estar aconsejando algo que yo hasta ahora no he hecho en mi vida. Yo soy muy experto en crear categorías y agrupar todas mis cosas cada una en su lugar, y lo que no es negro debe ser blanco, pues no hay cabida para un gris y mucho menos para un rojo.

Los recientes eventos en mi vida saltan desordenadamente de una categoría a otra, escapando de mi manía de etiquetar. Un día es amistad, al día siguiente romance potencial, después, próximo encuentro sexual y así por el estilo. Es un caso que no consigo dominar o hacer entrar en la formalidad. Mas he pensado que lo que tenga que ser será y que no debo forzar las cosas. Como dijo el sabio romano Piccolino, debo pensar menos y actuar más, dejarme llevar por mis instintos y dejar de aferrarme a ideales efímeros que talvez no me dejen ningún saldo a favor. Así será como lo haga y las palabras seguramente darán paso a emociones inolvidables que merezco vivir a plenitud.

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La gran gala del Maestro

noviembre 28, 2011 6 comentarios

La noche en que el Mago de Oriente me confesó que su corazón tenía dueño pensé nunca más volverlo a ver. Mas luego hice un balance de las tantas cosas y emociones vividas con él en el tiempo récord de sólo tres días; y quise poner en cuarentena su confesión para posteriormente poder desmenuzarla a la luz de la razón.

La primera noche me habló de una presentación que él haría como músico el último sábado del mes; así que me di la oportunidad de enrumbarme una vez más al recinto cultural donde lo conocí. Llegué algo retrasado pues fui a pie desde mi centro de trabajo. Al ingresar a la platea, pude divisar en el escenario a la orquesta sinfónica interpretando melodías para cuerdas, vientos y percusión y, de espaldas al público y dirigiendo a los músicos, estaba él y sólo él. Con su traje de ave de la Antártica y batuta en mano movía las manos y el cuerpo con tiempos de partitura, y la orquesta bajo sus órdenes producía melodías ancestrales que tatuaban los corazones de la audiencia con dibujos de melancolía y apasionamiento. El Maestro terminó la primera pieza y se dio vuelta a agradecer. Su sonrisa resplandecía bajo la intensa luz negra de la noche y perfumados capullos de nácar florecían sobre su pecho.

Al final de la función salí al lobby del teatro a esperarlo para extenderle mi felicitación. Vi salir a muchos de los músicos y la espera se hacía eterna. Mi paciencia se vio recompensada cuando por fin apareció por los pasillos y me sonrió desde lejos. Ya lo suficientemente cerca me dijo que estaba contento de que yo hubiera ido a verlo. Intercambiamos algunas otras palabras y le entregué un dulce que a él le había gustado mucho. Me agradeció nuevamente y yo extendí mi mano para despedirme; mas él se acercó más a mí y me estrechó en un abrazo tan envolvente y cariñoso que muy bien pudieron haberse dado nuestros corazones un beso en la boca.

Al salir yo del teatro me enrumbé hacia una avenida principal y me di cuenta que, mientras caminaba, mis pies ya no tocaban el suelo y en mi mente habían empezado a sonar unos violines.

Cada vez nos gusta más sentirnos peruanos en el Perú

noviembre 27, 2011 Deja un comentario

Hace un par de décadas la palabra peruanidad era algo así como un concepto etéreo; una definición que nuestros profesores de Historia enfatizaban sólo al abordar temas como la Guerra del Pacífico o nuestros relativamente recientes conflictos limítrofes. Fuera de ese contexto, y debido a múltiples factores (como el terrorismo o la crisis económica), el peruano se sentía foráneo en su patria, sin un sentido de pertenencia claro. Eran los tiempos en que la meta de niños y jóvenes era buscar horizontes fuera del Perú, emigrar hacia tierras prometidas donde abundaban las oportunidades y donde el futuro se vislumbraba halagüeño. Sin embargo una noche, talvez cuando el Perú dormía profundamente, algo de su pasado le habló en sueños, y al despertar, su conciencia era otra y ya no había por la calle transeúntes, sino compatriotas y hermanos. Y fue entonces cuando cundió la peruanidad.

Quién sabe fue la semilla que plantaron nuestros abuelos en nuestros padres y nuestros padres en nosotros la que de pronto salió de su prolongado letargo e hizo que abriéramos los ojos para ver la riqueza que abunda en nuestras tradiciones, costumbres, música, comida, arte y deporte. Nuestros majestuosos sitios arqueológicos, multicolores danzas, exquisita gastronomía y pujantes deportistas nos han dado un sitial de honor en la nueva historia del planeta; y cada vez más en cercanas o lejanas latitudes del globo se pronuncia la palabra PERÚ, y PERÚ es la palabra que se lee en el pecho de cada vez más peruanos.

Somos aún una nación joven, pero nuestra conciencia ya va siendo más homogénea; nos sentimos felices de ser peruanos en nuestra patria y lucimos una sola identidad, como muestra de invaluable patrimonio y razón de nuestro orgullo.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "CULTURARTE" DEL CENTRO PERUANO AMERICANO
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Miradas de una noche de lírica (segunda parte)

noviembre 24, 2011 2 comentarios

No esperaba de ninguna forma aburrirme esa noche, pues me gusta mucho el espectáculo con solistas, coros polifónicos y orquestas sinfónicas, pero mi recién estrenado acompañante me puso en alerta 100% más mientras me contaba la razón de su llegada a mi ciudad (hace ya más de dos meses) y su labor de voluntario como músico y director de orquesta.

Para resumir, diré que nadie reclamó el asiento donde furtivamente se había sentado él, a pesar de que su entrada decía mezzanine y él había invadido la platea. Nuestra plática cambió del español al inglés cuando le informé de mi ocupación. Su acento, perfecto, sin rastro de dejos extranjeros invasores, hacía trabajar mi cerebro y mi lengua en horarios y recintos desacostumbrados; un lujo que no me podía perder.

Callaron las luces y se elevó el telón. Disfrutamos de más de una hora de espectáculo con todo y su intermedio, en el que aprovechábamos para seguir conversando. Y era dulce, y era hermoso y yo … yo no lo podía creer. Al final del espectáculo me preguntó si podíamos ir a tomar un café. Yo, con alguna reserva de dignidad, decliné la propuesta, pues había estado trabajando desde muy temprano y sólo quería dormir. Cuando estuve a punto de pedir algo a este mago de oriente, se me adelantó y me dijo que no tenía teléfono, pues vivía en una propiedad proporcionada por la asociación para la que trabaja y la compartía con ocho compañeras llegadas de Alemania al igual que él; sin embargo, yo sí le proporcioné el mío, y quedamos en que me llamaría al día siguiente para almorzar juntos.

Fue así mismo el sábado y luego caminamos mucho y comimos postres y nos alegramos y nos acompañamos. Yo, en mi mente, trataba de explicarme el por qué de todo y qué tipo de interés tendría él hacia mí. Nos habíamos conocido la noche anterior y hoy ya éramos amigos de toda la vida. Llegó otra despedida, pero sin obviar la proyección de una próxima cita: el cine, toda una tarde en la que disfrutaríamos mucho juntos; hasta que me hizo una confesión: “Tengo pareja”.

Es nuestro y lo merecemos

noviembre 19, 2011 Deja un comentario

No está muy difundido en nuestro país pero existe y es muy justo. El Día Internacional del Hombre fue instaurado el 19 de noviembre de 2009 en Trinidad y Tobago, y luego fue adoptado por otras regiones del mundo, como Australia, el Caribe, Norteamérica, Asia, Europa, África y las Naciones Unidas.

Los objetivos de celebrar un Día Internacional del Hombre apuntan a velar por la salud de los hombres jóvenes y adultos, así como mejorar la igualdad  entre géneros y resaltar el rol positivo del varón en la sociedad. También es una oportunidad de atender la discriminación hacia los hombres y celebrar sus logros  y aportes, especialmente sus contribuciones a la comunidad, familia, matrimonio y cuidado de los hijos.

El Día Internacional del Hombre se celebra en más de 60 países, incluyendo Trinidad y Tobago, Jamaica, Australia, India, China, Estados Unidos, Singapur, Malta, Reino Unido, Sudáfrica, Hungría, Irlanda, Ghana, Canadá, Dinamarca, Noruega, Australia, Bosnia y Herzegovina, Francia, Italia, Pakistán, Antigua y Barbuda, entre otros.

Desde la Mazmorra de mi Suegra queremos hacer llegar nuestro saludo más cordial y fraternal a todos los hombres del globo; pues nos lo tenemos ganado, un día internacional para nosotros.

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Miradas de una noche de lírica

noviembre 18, 2011 2 comentarios

Definitivamente este mes de noviembre se irá con un sabor muy cargado a trabajo, fotos y nuevas experiencias. Como ejemplo, el día de hoy. Parecía que iba a ser uno de esos días blancos en los que regreso temprano a casa para ponerme al día en tareas pendientes, mas, antes de regresar a mi hogar, tenía que legalizar la fotocopia de mi documento de identidad por ser uno de los requisitos que  mi futura universidad me exige para acogerme dentro de su población estudiantil.

Después de entrar y salir de un par de notarías por no ofrecerme un servicio inmediato, tuve la suerte de encontrar una tercera en la que sólo demoraría un cuarto de hora la legalización y de ahí podría enrumbarme a mi urbanización y comprar pan para el desayuno de mañana y agua purificada en botellas grandes para mi consumo personal. Como quiera que me encontraba en el centro de la ciudad y tenía curiosidad por saber si hoy sería la Gala del XV Concurso Internacional de Canto Lírico que se da en mi ciudad todos los años, después de la legalización, decidí dirigirme hacia el viejo teatro municipal y hacer unas pesquisas al respecto. ¡Exacto! Acerté. No me había fallado la memoria, hoy sería la gala y sólo así podría consolarme de haberme perdido las fechas anteriores del certamen. Compré mi entrada y esperé a que abrieran las puertas del recinto artístico para hacer mi ingreso y tomar posesión de mi butaca.

Llegada la hora entré y me senté en la segunda fila del lado derecho, muy cerca al escenario, pues me gusta percibir el perfume de la música apenas éste emana. Mientras el telón aún permanecía cerrado, pude ver a un empleado del teatro que hacía esfuerzos por colocar al borde del escenario los interminables mini arreglos florales que le traían cada dos minutos. Ocupada mi mente estaba tratando yo mismo de resolver el teorema de colocar cincuenta canastillas de flores en fila en un espacio de sólo diez metros de ancho (y hasta creo que hubiera sido capaz de pararme y ayudar al ya casi desesperado e impotente empleado), cuando una voz me distrajo hablándome desde la fila de asientos de atrás. Viré la cabeza y me encontré con un par de enormes ojos hindúes que me sonreían mientras una preciosa boca me hacía preguntas en un español quebrado.

–  ¿Es usted uno de los organizadores del concurso? – Fui interrogado

–  No, no … -Dije yo tomado por sorpresa y obnubilado por esa presencia súbita

– ¿De dónde es usted? – Continuaron las preguntas

– Soy peruano – Respondió este orgulloso pechito

– ¿De Trujillo? – Continuó el  ángel de canela

–  Nací en Lima, pero vivo en aquí hace doce años … y usted ¿de dónde es? – Arremetí yo

– De Malasia – Contestó con esa sonrisa que ahora no me puedo borrar de los ojos

(Continuará …)

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El abrazo del patriarca

noviembre 14, 2011 2 comentarios

Por muchos meses esperé la oportunidad de retomar contacto con la persona más ecuánime residente en la mazmorra de mi suegra: el abuelo. Este octogenario de gallardo nombre se supo ganar mi admiración gracias a sus ganas de vivir y a su sabiduría a flor de labios. El anciano derrotó al cáncer en una lucha sin cuartel y ello aumentó su  colección de anécdotas con moral constructiva para compartir en las interminables tertulias con sus colegas en la Casa del Maestro o con sus paisanos en la Asociación de Residentes en la ciudad de Trujillo.

Fue inesperado.Yo regresaba de mi clase matutina ensardinado en una pequeña unidad de transporte público, cuando divisé por la ventana al protagonista de este artículo. Era él, inconfundiblemente. Su delgada y algo encorvada figura, su cabello blanco y recién estrenado bigote del mismo color. Su caminar ligero con saltitos de perico y su atinado sentido de la precaución al cruzar la calle. Me apeé del vehículo muchas cuadras antes de mi destino y caminé en sentido contrario con la única intención de dar el encuentro a este buen amigo.

Él me facilitó las cosas, pues cruzó hacia el lado por el que yo caminaba. Estando casi en frente de él lo llamé por su nombre y nos detuvimos frente a frente. “¡Hooooooooooola!” – Me dijo – “¿Desde cuándo por acá?” Corroboré, entonces, las mentiras que mi ex y mi suegra le habían dicho de mí a raíz de mi desaparición, pues, de la noche a la mañana dejé de prácticamente vivir en su casa: desayunar, almorzar, cenar (y a veces dormir) y los domingos comer fuera con ellos. Yo fui actor de su telenovela familiar por casi dos años y conocí aspectos de su existencia que jamás pensó compartir con alguien tan lejano a su apellido.

Apenas pude decirle todo lo que había estado pensando para cuando lo encontrara, y me falló el no hacer una cita fuera para compartir un café y vaciar por entero mis verdades acerca de mi fenecido romance. A lo poco que le pude balbucear me respondió: “Te entiendo, te entiendo” y luego me llenó de elogios para finalizar dándome un abrazo, el mismo que ha pasado a ser una de las posesiones más valiosas que guardaré conmigo por el resto de mi vida.

Tengo la tranquilidad de haber podido hacerle saber que, a diferencia de lo que le hicieron creer, yo sigo aquí y si me fui de su entorno fue por razones que están pendientes de contar.

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