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Miradas de una noche de lírica


Definitivamente este mes de noviembre se irá con un sabor muy cargado a trabajo, fotos y nuevas experiencias. Como ejemplo, el día de hoy. Parecía que iba a ser uno de esos días blancos en los que regreso temprano a casa para ponerme al día en tareas pendientes, mas, antes de regresar a mi hogar, tenía que legalizar la fotocopia de mi documento de identidad por ser uno de los requisitos que  mi futura universidad me exige para acogerme dentro de su población estudiantil.

Después de entrar y salir de un par de notarías por no ofrecerme un servicio inmediato, tuve la suerte de encontrar una tercera en la que sólo demoraría un cuarto de hora la legalización y de ahí podría enrumbarme a mi urbanización y comprar pan para el desayuno de mañana y agua purificada en botellas grandes para mi consumo personal. Como quiera que me encontraba en el centro de la ciudad y tenía curiosidad por saber si hoy sería la Gala del XV Concurso Internacional de Canto Lírico que se da en mi ciudad todos los años, después de la legalización, decidí dirigirme hacia el viejo teatro municipal y hacer unas pesquisas al respecto. ¡Exacto! Acerté. No me había fallado la memoria, hoy sería la gala y sólo así podría consolarme de haberme perdido las fechas anteriores del certamen. Compré mi entrada y esperé a que abrieran las puertas del recinto artístico para hacer mi ingreso y tomar posesión de mi butaca.

Llegada la hora entré y me senté en la segunda fila del lado derecho, muy cerca al escenario, pues me gusta percibir el perfume de la música apenas éste emana. Mientras el telón aún permanecía cerrado, pude ver a un empleado del teatro que hacía esfuerzos por colocar al borde del escenario los interminables mini arreglos florales que le traían cada dos minutos. Ocupada mi mente estaba tratando yo mismo de resolver el teorema de colocar cincuenta canastillas de flores en fila en un espacio de sólo diez metros de ancho (y hasta creo que hubiera sido capaz de pararme y ayudar al ya casi desesperado e impotente empleado), cuando una voz me distrajo hablándome desde la fila de asientos de atrás. Viré la cabeza y me encontré con un par de enormes ojos hindúes que me sonreían mientras una preciosa boca me hacía preguntas en un español quebrado.

–  ¿Es usted uno de los organizadores del concurso? – Fui interrogado

–  No, no … -Dije yo tomado por sorpresa y obnubilado por esa presencia súbita

– ¿De dónde es usted? – Continuaron las preguntas

– Soy peruano – Respondió este orgulloso pechito

– ¿De Trujillo? – Continuó el  ángel de canela

–  Nací en Lima, pero vivo en aquí hace doce años … y usted ¿de dónde es? – Arremetí yo

– De Malasia – Contestó con esa sonrisa que ahora no me puedo borrar de los ojos

(Continuará …)

Categorías:Pessoal, Sentimiento Etiquetas: , , , ,
  1. noviembre 22, 2011 en 12:10 pm

    utilisimo… cuenta cuenta y exagera tambien

  2. noviembre 25, 2011 en 11:25 am

    Cuento más en la segunda parte.

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