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Miradas de una noche de lírica (segunda parte)


No esperaba de ninguna forma aburrirme esa noche, pues me gusta mucho el espectáculo con solistas, coros polifónicos y orquestas sinfónicas, pero mi recién estrenado acompañante me puso en alerta 100% más mientras me contaba la razón de su llegada a mi ciudad (hace ya más de dos meses) y su labor de voluntario como músico y director de orquesta.

Para resumir, diré que nadie reclamó el asiento donde furtivamente se había sentado él, a pesar de que su entrada decía mezzanine y él había invadido la platea. Nuestra plática cambió del español al inglés cuando le informé de mi ocupación. Su acento, perfecto, sin rastro de dejos extranjeros invasores, hacía trabajar mi cerebro y mi lengua en horarios y recintos desacostumbrados; un lujo que no me podía perder.

Callaron las luces y se elevó el telón. Disfrutamos de más de una hora de espectáculo con todo y su intermedio, en el que aprovechábamos para seguir conversando. Y era dulce, y era hermoso y yo … yo no lo podía creer. Al final del espectáculo me preguntó si podíamos ir a tomar un café. Yo, con alguna reserva de dignidad, decliné la propuesta, pues había estado trabajando desde muy temprano y sólo quería dormir. Cuando estuve a punto de pedir algo a este mago de oriente, se me adelantó y me dijo que no tenía teléfono, pues vivía en una propiedad proporcionada por la asociación para la que trabaja y la compartía con ocho compañeras llegadas de Alemania al igual que él; sin embargo, yo sí le proporcioné el mío, y quedamos en que me llamaría al día siguiente para almorzar juntos.

Fue así mismo el sábado y luego caminamos mucho y comimos postres y nos alegramos y nos acompañamos. Yo, en mi mente, trataba de explicarme el por qué de todo y qué tipo de interés tendría él hacia mí. Nos habíamos conocido la noche anterior y hoy ya éramos amigos de toda la vida. Llegó otra despedida, pero sin obviar la proyección de una próxima cita: el cine, toda una tarde en la que disfrutaríamos mucho juntos; hasta que me hizo una confesión: “Tengo pareja”.

  1. Edgard Rodriguez
    noviembre 25, 2011 en 5:04 am

    y la historia termina aca? de donde es el mago de oriente? que edad tiene? donde tienes su residencia habitual? gracias!

  2. noviembre 25, 2011 en 11:34 am

    No, caro Piccolino, la historia no termina aún. Este Mago de Oriente de 27 años es originalmente de Malasia pero sus abuelos son de la India.

    Él ha vivido muchos años en Alemania, es por eso que ahí conoció a su actual pareja. sin embargo, Harish (así se llama el protagonista de esta historia), ha venido de voluntario por un año a Trujillo a enseñar música y dirección de orquesta. Su pareja se quedó en Alemania.

    En diciembre Harish, su hermana, su cuñado y el alemán (la pareja) emprenderán un viaje por el sur y altiplano peruanos, para luego regresar el malayo a continuar con sus labores en mi ciudad.

    La vida me ha enseñado que una relación sentimental a distancia no es relación; así que me he propuesto aprovecharme de ese factor.

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