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La gran gala del Maestro


La noche en que el Mago de Oriente me confesó que su corazón tenía dueño pensé nunca más volverlo a ver. Mas luego hice un balance de las tantas cosas y emociones vividas con él en el tiempo récord de sólo tres días; y quise poner en cuarentena su confesión para posteriormente poder desmenuzarla a la luz de la razón.

La primera noche me habló de una presentación que él haría como músico el último sábado del mes; así que me di la oportunidad de enrumbarme una vez más al recinto cultural donde lo conocí. Llegué algo retrasado pues fui a pie desde mi centro de trabajo. Al ingresar a la platea, pude divisar en el escenario a la orquesta sinfónica interpretando melodías para cuerdas, vientos y percusión y, de espaldas al público y dirigiendo a los músicos, estaba él y sólo él. Con su traje de ave de la Antártica y batuta en mano movía las manos y el cuerpo con tiempos de partitura, y la orquesta bajo sus órdenes producía melodías ancestrales que tatuaban los corazones de la audiencia con dibujos de melancolía y apasionamiento. El Maestro terminó la primera pieza y se dio vuelta a agradecer. Su sonrisa resplandecía bajo la intensa luz negra de la noche y perfumados capullos de nácar florecían sobre su pecho.

Al final de la función salí al lobby del teatro a esperarlo para extenderle mi felicitación. Vi salir a muchos de los músicos y la espera se hacía eterna. Mi paciencia se vio recompensada cuando por fin apareció por los pasillos y me sonrió desde lejos. Ya lo suficientemente cerca me dijo que estaba contento de que yo hubiera ido a verlo. Intercambiamos algunas otras palabras y le entregué un dulce que a él le había gustado mucho. Me agradeció nuevamente y yo extendí mi mano para despedirme; mas él se acercó más a mí y me estrechó en un abrazo tan envolvente y cariñoso que muy bien pudieron haberse dado nuestros corazones un beso en la boca.

Al salir yo del teatro me enrumbé hacia una avenida principal y me di cuenta que, mientras caminaba, mis pies ya no tocaban el suelo y en mi mente habían empezado a sonar unos violines.

  1. noviembre 28, 2011 en 4:32 pm

    Vaya que bonito relato amigo! disfrutalo al máximo y no nos dejes con la miel en los labios…. describelo más !!! 😉

  2. Edgard Rodriguez
    noviembre 30, 2011 en 6:49 am

    yo ya se todo, jojolete!

  3. noviembre 30, 2011 en 12:50 pm

    Queridos Utilísimos. La historia aún se está escribiendo. Mañana jueves viviré un episodio nuevo y seguramente les alcanzaré los pormenores a través de este medio.

    Mientras tanto, hoy en la tarde dedicaré unas líneas de reflexión sobre esta inusual etapa de mi vida. ¡No se lo pierdan!

  4. Johnn
    diciembre 1, 2011 en 8:05 pm

    wow !!!
    Oye José…tú sí que estás desarrollando maestría con tu blog.
    Acabo de vivir todo lo que has descrito!

    Saludos amigo!

    Johnn

  5. diciembre 5, 2011 en 10:59 pm

    Gracias, amigo Johnn. Espero tenerte más seguido por aquí. Saludos.

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