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Desetiquetando lo inetiquetable


El día de la reunión mensual de profesores en mi centro de trabajo, saludé a una compañera que se reincorporaba luego de un mes de vacaciones. Ella tuvo a bien contarme lo bien que la había pasado en esos necesarísimos días lejos de la rutina y el estrés. Me confesó que, inclusive, había conocido a alguien muy especial y que estaba muy entusiasmada por él por todas las cosas bonitas que habían compartido en el último mes. Sin embargo, ella no sabía a ciencia cierta cómo continuarían las cosas, si es que su pretendiente querría algo serio o si después de cansarse de los placeres del cuerpo buscaría saciar su sed en otra fuente. Fue entonces cuando Pepito Corazón desplegó sus dotes de consejero sentimental para temas héteros (esto es ironía, por si acaso).

Le dije que viviera esta etapa de su vida día a día y que no intentara clasificar su incipiente vínculo como “noviazgo” o “amistad con derechos”, ni siquiera como relación; pues es cuando se pone nombre a las cosas que más se les echa de menos cuando se van. Mientras yo le decía esto, me observaba a mi mismo desde fuera y me sorprendía estar aconsejando algo que yo hasta ahora no he hecho en mi vida. Yo soy muy experto en crear categorías y agrupar todas mis cosas cada una en su lugar, y lo que no es negro debe ser blanco, pues no hay cabida para un gris y mucho menos para un rojo.

Los recientes eventos en mi vida saltan desordenadamente de una categoría a otra, escapando de mi manía de etiquetar. Un día es amistad, al día siguiente romance potencial, después, próximo encuentro sexual y así por el estilo. Es un caso que no consigo dominar o hacer entrar en la formalidad. Mas he pensado que lo que tenga que ser será y que no debo forzar las cosas. Como dijo el sabio romano Piccolino, debo pensar menos y actuar más, dejarme llevar por mis instintos y dejar de aferrarme a ideales efímeros que talvez no me dejen ningún saldo a favor. Así será como lo haga y las palabras seguramente darán paso a emociones inolvidables que merezco vivir a plenitud.

Categorías:Pessoal, Sentimiento Etiquetas: ,
  1. Beato de Humay
    diciembre 5, 2011 en 11:07 am

    thumbs up! yo tmb aplicare lo dicho en mi vidú…

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