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Archive for 31 enero 2012

¿Chiste o experimento?

Hace un año tomé una decisión: no volverme a relacionar con nadie sentimentalmente, a fin de protegerme de otra devastadora decepción. A lo largo de estos doce meses, especialmente de los últimos cuatro o tres, he estado a punto de romper ese pacto conmigo mismo y dejarme llevar por algún espejismo que parecía llevarme otra vez a paraísos etéreos donde florecen las promesas y los sueños son una realidad palpitante. Una prueba fehaciente de ello son los hechos suscitados desde la madrugada del 1 de enero en los que parece no haber hilación entre episodio y episodio, pues mi coyuntural acompañante de monosilábico nombre hace su aparición a mi lado de rato en rato mientras yo viajo en piloto automático, dejando la verdadera responsabilidad del mando a un corazón encallecido incapaz ya de sensibilizarse por alguien.

Igual me da si sé o no de él; si vive sumergido en su Smartphone, o si su empresa lo envía a capacitaciones fuera de la ciudad; y siento cero remordimientos si al encender mi celular veo que tengo seis llamadas perdidas de él. Yo vivo mi vida y mi mundo sigue siendo mi mundo, no es el suyo; es más mío que nunca. No me asombraría el verme a mí mismo una noche adherido a un cuerpo distinto al suyo, pues mis compromisos carnales no han caducado y quedan como parte de la lealtad amical con quienes sí construí una vida real con afinidades concretas y palpables. En lo laboral, vivo mi vertiginosa vida feliz aunque tomando tiempo a crédito para que me alcancen todas las cosas que me he propuesto hacer. Y él sigue su camino, haciendo todo sin involucrarme, planificando su vida en el extranjero y sin siquiera preguntarme si yo estaré aquí esperando cuando el vuelva (si vuelve).

No me aterra despertar un día y saber que él no está más, pues nunca lo sentí presente y nunca se entretejió su sonrisa con la mía. Las cosas seguirán igual y mi horizonte siempre estará inalcanzable, y no será difícil chasquear los dedos y saber que he podido emerger de un sueño ligero que apenas recordaré alguna vez.

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¿De qué planeta vino Dios?

Los vestigios que presentan las primeras culturas que habitaron la tierra indican que no hubo generación espontánea de la vida ni espíritu sagrado que se haya posado sobre el caos para separar el cielo de la tierra. Claro está, cada vez más, que vida inteligente y poderosa de fuera del ámbito terrestre se enseñoreó sobre nuestro orbe y sembró su semilla por doquier, haciendo florecer culturas hábiles y emprendedoras, que, con el correr del tiempo, generaron la civilización como la conocemos hoy. Estos seres foráneos, se hicieron llamar señores o dioses e insuflaron en la nueva especie (la humana) la necesidad de mirar siempre al cielo y señalar que desde ahí proviene la vida, y hacia allá deben apuntar las esperanzas de ayuda y consolación.

Pero ¿dónde de dónde, exactamente, vinieron estos seres que poblaron la tierra de vida sapiente, y por qué no se quedaron entre nosotros? Las hipótesis abundan; desde aquella versión supermanizada de que una crisis mundial en algún planeta lejano obligó a aquellos seres a buscar colonizar nuevos mundos, hasta la teoría de que ellos nos visitan constantemente o nos llevan a sus dominios mientras dormimos para experimentar con nuestros cuerpos. Hasta se habla de que las “posesiones diabólicas” no son más que invasiones alienígenas de la siquis humana que expresan sus requerimientos en lenguas primitivas, que son las que ellos nos trajeron y que nosotros dejamos morir con el paso de los siglos.

Si alguna o todas las premisas planteadas arriba son ciertas, entonces la religión tiene un sustento real y aquellos señores o entidades divinas sí existieron, mas, antes de partir borraron de la conciencia humana la imagen de sus rostros pero dejaron una huella de nostalgia que sólo se calma mediante el culto o sacrificio en honor a ellos. Dejaría, entonces, de buscarse justificaciones para ensalzar a un grupo de seudo representantes de un dios en la tierra y cesaríamos de encargarles la responsabilidad del pastoreo de nuestras almas. Se desenmascararía así a tanto mafioso que lucra con la ignorancia humana, y que sólo sale a un balcón a discursear palabras inertes de un libro de mitos y leyendas convenidas, mientras engrosa su haber material con los dividendos del comercio ilegal y los crímenes encubiertos. Amén.

Mi tan venido a menos segundo nombre

enero 24, 2012 5 comentarios

Cuando nací fui el primer nieto oficial de mi abuelo y, siguiendo las tradiciones de algunas familias, me fueron dados los dos nombres de este señor, uno de los cuales (el segundo) es el primer nombre de mi padre. Como quiera que mi progenitor solía llevarme con él a muchos lugares donde podía encontrarse con sus colegas o ex compañeros de estudios, no faltaba la sorpresa de éstos al ver que yo, pequeño y endeble vástago, reproducía casi al cien por cien los rasgos del autor de mis días, y, para coronar el pastel, llevaba su nombre, aunque en otra posición. En los tiempos de colegio, diéronse casos en los que, al ser mi primer nombre tan común y, por lo tanto, habíamos varios homónimos en el grupo, se optaba por elegir mi segundo nombre para no confundirme con el resto.

El quid del asunto es que empecé a agarrarle tirria al tal nombrecito, no por el nombre per sé, sino porque me sentía con identidad prestada; nadie me tomaba en cuenta como un ser individual, sino como el “hijo de fulanito” que, aparte de ser igualito a su papá, lleva su mismo nombre. A lo largo de mi vida luché contra quienes se afanaban por poner énfasis en llamarme de esa forma, y siempre que me preguntaban, decía que tenía un solo nombre o que mi segundo nombre era tan vergonzoso que prefería ni mencionarlo y, ante la insistencia, soltaba cualquier barrabasada, como: “Neopomuceno” o “Epaminondas”. Hubo una etapa de mi historia en que estaba decidido a cambiármelo, mas, conociéndome, era muy seguro que en lugar de olvidar el nombrecito feo, contaría a todo el mundo que me lo había cambiado y le rendiría culto hasta hoy como un héroe muerto en batalla.

Haciendo memoria, sólo en una época de mi vida saqué a relucir mi segundo nombre. Se debió a que mi pareja de turno tenía mi mismo primer nombre, así que tenía obligatoriamente que hacer de tripas corazón y marcar la diferencia con el apelativo bíblico-profético que mi padre me regaló. Sin embargo y, a pesar de todo lo expuesto, hoy, cuando fui a recabar el fotocheck que me otorga la universidad donde estoy trabajando desde hace poco, reparé en que habían utilizado sólo mi primer nombre, además de mis dos apellidos. Una sensación de desasosiego me invadió al ver escrito mi primer nombre ahí, tan solo y tan huérfano. Me dio pena y  hasta creí que ese documento que ahora tendré que colgar en mi cuello mientras esté en el campus no era mío; pues si lo fuese, llevaría impreso aquel nombrecito que ha sido mi fiel aunque antipático compañero toda la vida.

Tres : ¿Número perfecto o falocentrismo?

enero 22, 2012 5 comentarios

En algún libro de mis años mozos leí que el número tres era sinónimo de perfección. Por ello, tres son los integrantes de la Santísima Trinidad en el dogma católico. Por otro lado, algunos sicólogos afirman que quien tiene al tres como patrón en muchos aspectos de su vida, es porque tiene un inconsciente sesgado hacia los genitales masculinos, al estar éstos compuestos por tres elementos: un pene y dos testículos.

En lo que a mí respecta, el número tres significa el número de empleos que tengo en la actualidad. Hace poco más de una semana fui aceptado por una universidad para laborar en un curso intensivo de inglés para alumnos de pre grado, aprovechando que están de vacaciones y que ahora el idioma es obligatorio como parte de la currícula de toda carrera. Esta nueva experiencia laboral se suma a las dos que ya he venido desempeñando, la una por espacio de 10 años, y la otra hace sólo seis meses. Esta carga de trabajo, a veces onerosa, es necesarísima para los propósitos que cultivo en esta etapa de mi vida; me refiero específicamente a mi realización como profesional universitario con título y todo lo que ello requiere. Sin este tercer trabajo me sería imposible obtener dinero para solventar mis estudios y tendría que recurrir a préstamos engorrosos de pagar.

El impacto de no tener espacios vacíos en mi vida es algo que tengo que aprender a manejar, pues el cansancio físico y mental son parte ahora de mi menú diario y he de lograr degustarlos, quién sabe si el estoicismo de saber que es algo temporal e imprescindible para mi realización profesional.

Otra vez : con la luna y las estrellas a mis pies

enero 4, 2012 4 comentarios

No parecía que fuera a haber consecuencias trascendentes en aquel pequeño viaje. Sólo un par de días con un crío prácticamente desconocido y con coraza de hielo. Solamente caminar por unas calles norteñas, una noche de discoteca y un paseo por las playas de Pimentel;  nada relevante … aparentemente.

Tras un viaje algo incómodo de tres horas y media en bus, llegamos a la dizque capital de la Eterna Amistad y nos dispusimos a enrumbarnos al hotel donde siempre me alojo. Mala sorpresa tuvimos al ver que el lugar ya no existía. Entonces saqué una carta de debajo de la manga y mi memoria nos condujo a otra posada; maldita la hora. Llegamos y nos instalamos. Por turnos nos bañamos y después a comer una deliciosa pizza a la leña en mi lugar favorito, Chez Maggie, de la avenida Balta. Luego el objetivo principal: tomar un taxi e irnos a la discoteca, con el riesgo de que tampoco existiera más o, que, debido a la fecha, estuviese abarrotada de celebrantes y nos quedáramos a recibir el año en la calle. Menos mal que todo salió bien y llegamos a la discoteca justo a las doce de la noche. Después de recibir el “cotillón”, ingresamos al sombrío recinto y nos dimos el abrazo del nuevo año. Sentados a una mesita circular pedimos las primeras dos helenas que serían cómplices de lo que pasaría minutos después. La rala concurrencia nos observaba de cuando en vez, me imagino que porque todos ellos habrán visto mis perfiles en las páginas de búsqueda.

La música inundaba ya el lugar y nosotros conversábamos de diversos temas; con ganas de bailar, pero con temor a abandonar nuestra pequeña trinchera y que otros la tomaran en nuestra ausencia. Inesperadamente, las cebadas se multiplicaron por dos y ya la bulla no dejaba oír nuestra propia conversación, así que hubo la necesidad de acercarnos más y hablarnos al oído. Tras las palabras fueron las manos y, como colofón, los labios. Fueron hermosas las sensaciones: cálidos dedos, espinosas mejillas, hirsuto cabello. Los efectos del alcohol o la magia de la coyuntura pusieron marco de oro a la escena y fueron el punto de partida para que, ya terminada la bebida, nos lanzáramos al ruedo e hiciéramos propios los ritmos que nos regalaban.

Terminada la velada, y ya con la luz del día en nuestros ojos, nos fuimos a guardar a nuestra temporal guarida para, de una vez por todas, desatar un deseo oculto y alimentar el desenfreno de nuestras pasiones. No era igual que otras veces ¡no señores!, esta entrega era distinta; este acto tenía alma y, al terminar, hubo abrazo, hubo mirada, hubo silencio que soldaba un suspiro en un rincón de la madrugada para darnos una gran noticia luego al despertar. Y nuevamente me bajaron los astros del cielo para contemplarlos juntos ¿otra? eternidad.

2012 : Año del inicio del mundo

A pesar de todo el fatalismo originado por ciertas predicciones de una cultura pre hispánica, mi visión del nuevo año no podría ser mejor. Todos los aspectos de mi vida se muestran auspiciosos, y aunque sé que tendré que hacer equilibrio para mantenerme arriba del monociclo mientras manejo los palitroques en el aire, la diversidad de mis actividades me dará el impulso que necesito para seguir.

En el aspecto emotivo, si las cosas siguen como están, navegaré en aguas tranquilas, tibias y transparentes con un copiloto que hará de mi viaje más que reconfortante.

No me queda si no estar muy agradecido con la vida y esperar todos los retos que me esperan con optimismo, confianza y alegría. ¡Bienvenido 2012!

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