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Míster Pelos


Conozco a Míster Pelos hace más de un año, pues su pequeño restaurant queda al frente del mini market  donde usualmente hago mis compras. Desde que me mudé a esta área veía a cierta distancia cómo abría su local temprano en la mañana para empezar su diligente ritual de limpieza. Algunas veces, en horas de almuerzo (hora punta para su negocio), se aproximaba raudo al mini market para cambiar algún billete de alto calibre para dar vuelto a sus  comensales. Así empezó mi largo anhelo de él.

Mientras estuve comprometido, no eran tan frecuente el poderlo ver desde el mini market, ya que mi ex prefería hacer las compras en lugares amplios, más masivos y con precios menores, pues era su manera de contribuir a la economía de la relación (de otra manera no podía ya que estaba casi siempre desempleado). Mas, cuando todo terminó, empecé a hacer mis compras en el pequeño market, y desde ahí lo miraba casi a diario con insistencia y lujuria. Por otro lado, inicié mi consumo de comida preparada por un restaurante muy cercano a mi casa. Un buen día, la SUNAT lo cerró por infracción y tuve que volar en pos de otra alternativa para poder obtener el almuerzo y cena diarios; fue entonces cuando llegué a ser cliente de Míster Pelos.

Las primeras veces me daba un poco de vergüenza comprar mi almuerzo en su negocio pues, seguramente, recordaba las tantas veces que yo lo miraba desde la acera del frente mientras él trabajaba en lo suyo. Pero, con el tiempo, hice de tripas corazón y me volví su cliente asiduo. En algún momento, hubo cierta cercanía entre nosotros, y conversábamos mientras él escribía el menú del día en su pizarra de escuadra. Llegué a saber su nombre de premio cinematográfico, pues desde la cocinita del local una señora (talvez su madre) lo llamaba muy cariñosamente. Míster Pelos es de altura promedio, tez trigueña y quijada firme y pronunciada, que casi siempre está cubierta de una barba de uno o más días sin afeitar. Su contextura es gruesa, manos grandes y cubiertas de vello negro (como su cabello) que cubre furiosamente, también, el resto de su cuerpo. Por el verano usa polo de cuello redondo a través del que se puede ver una mata de pelo y, desde el interior de sus bermudas ceñidas, una respetable prominencia clama por su liberación.

Míster Pelos lo llena todo con su presencia. Sus enormes manos transportan los platos de comida desde la cocina hacia las mesas y, lo estrecho del local, hace que sus caderas choquen con las mesas cada vez que pasa. En ese vaivén, el molusco de mi mirada se adhiere y desliza por cada parte de su cuerpo, y entre plato y plato, me lo imagino en la cama masacrándome en una festiva matanza de pelos y fluidos … soñar no cuesta nada.

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  1. abril 1, 2012 en 12:10 am

    Creo que hay pelos y pelos… no me gustan los que son peludos al por mayor, pero si me pone como los dos mozuelos de tus fotos… asi unos vellos “direccionados” y cortos… uff!!! 😀

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