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Archive for 29 marzo 2012

Pasivos y pasivos

marzo 29, 2012 6 comentarios

Es un pensamiento recurrente que me asalta cada puesta de luna: “¿es verdad que pan con pan no pega? ¿es cierto que si dos pasivos se conocen no podrán concretar nada en la cama a menos que uno penetre al otro?”. Y me asalta porque con frecuencia conozco pasivos que tienen bondades dignas de ser explotadas y, como buen extractor de recursos que soy, yo me siento llamado a hacerlo.

Sin embargo, me choco con cada loca reacción que va desde un “no, gracias” hasta un “a mí me gustan los hombres bien hombres; entre dos mujeres nada puede pasar”. De más están los argumentos que se agolpan mi mente en ese momento tratando de explicar mi condición de hombre no cocomarusixezco ni naamintimoycano, pues hay cada pasiva fijación en dichos cerebros que se hace imposible hacerlos entrar en razón. Ya esto me ha causado más de un disgusto y hasta podría ver en el horizonte un muy posible rompimiento de relaciones diplomáticas con ciertos individuos.

Por otro lado, también los hay quienes piensan como yo, que un cuerpo es un cuerpo, y que más allá de la opción de cada cual, está en cada uno usar sus habilidades y curiosidad en favor de un conocimiento más personalizado del otro y ver hasta qué hito se puede llegar en ese itinerario.

Soy de la opinión de no cerrarse a la gama de posibilidades que nos despliega la vida en cuanto a placer sexual gay se refiere, y no permitir que tabúes como la posible ruina de una amistad o el tener ambos la misma opción frenen nuestras ansias de conquistar nuevas pieles.

Dedicado a la perrísima ingeniera pesquera limeña y a mi flamante amiguito el abogado piurano
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Mi “novio” Popotitos

Es feo como él solo; horrible entre los horribles. Lo saqué de un sombrero de magia virtual en un momento de impostergable requerimiento sexual. Cuando lo vi desnudo por primera vez casi me echo a llorar. Me preguntaba cómo era posible tanta mezquindad de la naturaleza para un solo hombre; no bastando sus ojos de batracio y su cabello de puercoespín, sus brazos y piernas parecían carrizos de cometa, tan frágiles a la vista y tan inexplicables al tacto. Su voz que parecía una queja del viento triste de los andes, restaba romanticismo a la escena y hacía urgente un ejercicio de imaginación extraordinario para compensar la situación reinante.

Mas llegada la hora de la calentura, su miembro resucitó de entre los muertos y fueron diecinueve las razones que me sonrieron promisorias como recompensa ante tanto punto en contra. El ensamblaje fue brutal y me reencontré con un ser (ya casi) mitológico llamado orgasmo, pues al parecer, el centímetro diecinueve se puso a coquetear con mi próstata. Las sensaciones se disparaban como luces en una discoteca y yo me sentía freír en aceite hirviendo. Jamás imaginé tanta pericia de maniobra y tanto manejo de las artes amatorias. “Este gachó debe haberse aprendido de memoria todo el Kamasutra gay” – decía para mis adentros entre estocada y sobresalto.

Al terminar, sin duda, quedé rendido y con cada nervio de mi cuerpo laxo como una hamaca en reposo. Si hubiese tenido una corona de laureles a la mano se la hubiera ceñido en las sienes, ya que esa primera noche no sólo se coronó como el mejor atleta de las olimpiadas sodomitas, sino que también me enseñó que las apariencias engañan y que es mejor enfrentar las situaciones nuevas sin prejuicios de por medio.

Ahora, “Popotitos” tiene la prioridad número uno cuando me envuelve la calentura, y me da gusto saber (porque él me lo dice) que soy también su fuente de placer muy cotizada.

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Adiós, amado verano

marzo 21, 2012 2 comentarios

Hube de soportar largos y penosos meses esperando su arribo y, cuando por fin lo tuve a mi lado, despojé mis carnes de sus vestiduras para mostrarle mi piel carente de amor e invitarlo a besarla toda. Me hizo suyo cada mañana recordándome a cada instante el pacto de posesión que había hecho conmigo y, en las noches, su temperatura sofocante bañaba mi cuerpo en jadeante transpiración.

Muchos aborrecían su presencia por considerarlo un invasor, mas yo, para mis adentros, disfrutaba cada hora de su resplandor  y bendecía el color que daba a mi vida y el rigor con que trataba a los demás hombres, obligándolos a razón de látigo a mostrar partes generosas de su  virilidad para deleite y alimento de mis sentidos.

Sin embargo, ahora él se va y me deja a mi suerte otra vez. No más correré dichoso la cortina para verle ni me envolveré en él en sueños; no más sentiré su feroz penetración en cada poro de mi cuerpo haciendo partir mi mente en viajes a mundos avatares y maravillosos. Habré de esperarlo  nueve meses otra vez, con la ilusión con la que se espera a un niño y con la lujuria con la que se espera a un amante.

Hijos con defectos congénitos: ¿Bendición o parásitos?

A propósito del fallecimiento del hijo de una colega mía, me di con la macabra sorpresa de que yo secretamente había estado deseando su muerte tan pronto me enteré de su agonía. El vástago, unigénito de casi cuatro décadas de existencia en este mundo, había dejado de existir debido a la complicación pulmonar que le provocó un resfrío. Podría esto parecer inusual, mas no lo fue para Juancho debido a que él era paralítico y su incapacidad motora le trajo una complicación fatal.

Sabía yo de la existencia de Juancho a través de su madre, mi colega, y hasta creo que una vez lo conocí cuando ella lo llevó a mi centro de trabajo. La madre había vivido el vía crucis de tener un hijo lisiado por más de treinta años y tener que asistirlo cada día de su existencia con el cuidado respectivo: despertarlo cada mañana, asearlo, ejercitar cada parte de su cuerpo, alimentarlo y transportarlo (cargado) a cuanto lugar fuese menester llevarlo. Todo ello cumplido a cabalidad y prontitud con el más heroico estoicismo de una madre enceguecida por la resignación. Por ello, cuando me enteré de su penosa y acelerada enfermedad, deseé dentro de mí que la vida hiciera justicia a esta vieja mujer y le quitase ya de encima tan dolorosa carga para que, al menos, en los últimos años de su vida, ella pudiera llevar una existencia apacible y digna.

La historia en cuestión me hizo reflexionar acerca de lo complicado que debe ser para tantos padres el tener que dedicar su vida entera a un hijo con discapacidad. Pongo en tela de juicio que sea el amor la fuerza que embravece a estos progenitores para embestir las dificultades que cada día tienen que pasar con su prole; yo pienso que debe ser frustrante y hasta desmoralizador despertar cada mañana y recordar al instante siguiente ese amargo deber que la vida les encargó.

¿Hay solución para este dilema? ¿Puede hallarse algún instante de posible decisión? ¿Existe acaso un punto en el que se pueda optar por otra senda y tomar el camino egoísta de no querer tener una carga tan pesada por el resto de nuestros días? Es un tema de reflexión acerca del cual, seguramente, los griegos de la antigüedad habrían tenido una solución rápida y muy práctica.

Francotiradores

Se apuestan en los pisos altos de los pabellones para fulminar a todo inofensivo y tardío universitario que hace su ingreso al alma máter. Sus miradas son como arcabuces que disparan a matar sin pedir santo y seña. Es preciso a veces caminar de espaldas so riesgo mínimo de quedar convertido en estatua sal, pues estas medusas madrugadoras se ubican en sus posiciones desde tempranas horas para no perderse la aparición de uno solo y poderlo ver transformado en piedra.

Son estas almas solitarias, de arco y flecha, barbita y anteojos, cabeza rapada y pectorales prominentes, quienes trasladan su actitud  de conquista de una noche discotequera al campus de una universidad, convirtiéndola en campo minado.

Hay que andarse con cuidado con ellos, pues un solo impacto de esas miradas puede costarle a uno la vida y hacer virar con violencia toda intención primigenia que nos llevó a volvernos a internar en el templo del saber.

La nave que me transporta al Reino de Morfeo

Queda mi alcoba en un altillo al que conduce una escalera. Cada noche asciendo la pendiente con suciedad de sueño en el rostro, pero con alegría porque es ya la hora. Hora de abandonarme a la nada, hora de olvidarme que soy humano y pagar a la naturaleza con mi ser el tributo por estar vivo.

Cada noche me despido de la vigilia mientras cuento esos peldaños. Me detengo en alguno y levanto la mano para hacer adiós a mi mundo material, a los miles de habitantes que me sintonizan cada día y a los que viven mis peripecias como en una popularísima telenovela setentera. Y cierro la puerta tras de mí con un alegría inmensa: la de por fin poder volver a vivir luego de un día de muerte constante.

Y es la nave, aquella nave de sueño, amor y sexo, la que me nutre de pasado y de futuro, la que tatúa en mí tantas historias oníricas y reales; tantas vivencias que resetean mi cerebro cada mañana para enfrentar la vida otra vez cada que vuelvo a abrir la puerta para volver a descender.

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Dignidad quebrada

marzo 4, 2012 3 comentarios

Queremos, desde aquí, solidarizarnos con nuestro amigo y Utilísimo Saúl, quien, hace poco sufrió un terrible vejamen cuando salía de un lugar público de entretenimiento. Nos parece increíble que un país del primer mundo (que es donde él reside) se sigan produciendo estos condenables hechos homofóbicos.

Del mismo modo, nos solidarizamos con él ante su reciente, también, desencuentro sentimental, y hacemos votos porque los problemas legales que ello ha implicado se resuelvan del mejor modo.

¡Fuerza, Saulín! Estamos contigo, pues, a pesar de nuestras diferencias, estamos, en esencia, en el mismo barco.

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