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George


En el mar de especímenes una luz brilló ante mis ojos; mi mente no quiso dar crédito a mi visión y mi boca sólo exclamó una interjección de admiración. No pensé que él pudiese formar parte de la fauna estudiantil que cada fin de semana comparte conmigo alegrías y rigor; mas he aquí que sus bellos ojos han destellado ya su verdor en frente de mí en repetida ocasión, y hasta estoy queriendo pensar que alguna de sus perfectas sonrisas ha escapado ya a buscarme furtiva.

Y es entonces que, cuando lo vuelvo a ver, me paraliza la incertidumbre y los años vividos no me brindan consejo. Mi baja autoestima me pregunta burlona si realmente uno de los hombres más bellos (y ahora sí a prueba de cualquier juicio) de mi hace poco estrenada alma mater sería capaz de fijarse en mí.

Sé que tiempo no hay y que la vida ya se apresa a esculpir sus huellas en mi rostro. ¿Debo seguir? ¿Debo abordar esa aventura? ¿Debo permear el velo de duda, arriesgarme y cruzar palabra con él?

Abra ya una cuenta de valor en el banco de los sueños, y en ella deposite yo toda partícula de coraje para usarla sin dilación como atalaya y llegar hasta la copa de su razón y sentimiento … aunque sea lo último que haga.

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