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Muerte a los 50


MICHAEL-JACKSON-michael-jackson-10317030-1082-1263Nadie nos preguntó si estábamos de acuerdo con venir a este mundo, ni si estábamos de acuerdo en tener los padres y hermanos que tenemos. Por último, no tuvimos pito en el carnaval de elección de nuestro nombre … nadie nos consultó nada.

A lo largo de nuestras vidas, se nos dice que el cuerpo y el alma del individuo no le pertenecen, que son propiedad prestada de alguna divinidad hebrea, a cuya voluntad estamos, y que será él y sólo él quien decida cómo y cuándo podremos dejar nuestro estuche de carne y partir al encuentro con él. Mas, despojados de todas esas cursilerías, no hay verdad mejor dicha que aquélla que señala que  cada uno es dueño de su propia vida y que, una vez cumplida la misión y llegado el tramo del camino que nos pinta el pelo de blanco y nos traza surcos en la piel, es menester tomar la decisión de continuar o de levar anclas anticipadas.

Es, por muchos, inadmisible, que alguien pueda querer terminar su existencia en forma voluntaria, se le acusa de paranoia o depresión, pero es mejor dejar este mundo en pleno ejercicio de sus funciones vitales que esperar llegar a un estado de senectud en el que volvamos a ser como niños, dependientes y hasta a veces dementes, con suerte rodeados de familiares o profesionales especializados y sin ella, tristemente abandonados en un muladar o calle indiferente.

Abundan las cátedras sobre ética de la vida, su respeto y su dignidad, mas, terminada la ponencia, cada filósofo regresa a lo suyo y el miserable, se queda con su yugo llamado vida, para arrastrarlo todavía un tramo suicide1más por la accidentada carretera. Considero que la vida lo hace a uno sabio, y es el verdadero sabio el que decide cuándo su papel en este gran teatro debe salir de escena, y no hay lágrima ni verborrea que deban poner escollos a estas grandes decisiones. En lo personal, he pensado mucho en este tema, llegando a la conclusión de que, cuando cumpla los 50 tendré que tomar una decisión crucial: la de quedarme en el mundo de los vivos o emigrar hacia lo desconocido y así evitar la dependencia y/o discapacidad que suponen una edad avanzada. Trataría de dejar todo listo y planeado para que mi desaparición súbita no traiga consigo mayores ajetreos o inconveniencias a mi entorno familiar.

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