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Asu mare, ami mare y alas mares de las otras víctimas


ImageProbablemente la película peruana más taquillera de los últimos años, Asumare, es la versión sofisticada del show que Carlos Alcántara ha venido entregando en vivo por muchas temporadas al público de esta parte de Sudamérica. En la obra, el ex “Machín Alberto” narra pasajes de su vida de una forma jocosa y mordaz, centrándose en las vivencias que compartió en familia durante su niñez y parte de su adolescencia. Su madre, personaje principal del monólogo, es presentada de una manera adorablemente desalmada, y su proceder,  aparentemente justificado por la dura vida que le había tocado vivir: prácticamente padre y madre de sus tres hijos, abocada a las tareas del hogar, pero con un empleo externo a tiempo completo para poder asegurar la subsistencia de sus críos y de su inútil marido.

Mujer malignaAlcántara evoca las innumerables veces en que su progenitora descargó sus furias y frustraciones en él y su hermano, haciéndola temible e indeseada en aquellos momentos en que su voluntad era contradicha. Todas estas remembranzas activaron el viejo proyector de mis memorias y, mi bien dibujada sonrisa, pronto se esfumó al empezar a desfilar por mi mente, experiencias similares (o acaso peores) a las que el dicharachero clown hacía alusión en el espectáculo.

Y es que madres que castigan, madres que agreden, madres que provocan daños físicos y sicológicos irreversibles en sus hijos deberían recibir todo el peso de la ley. Nadie les da derecho a ejercer la violencia sobre seres que no tienen ni el tamaño ni la fuerza que tienen ellas. Nadie les da autorización a recrear el trato que recibieron ellas en su propia infancia. No es excusa que ellas tengan el “deber” de corregir y encauzar a sus hijos; si en la actualidad se sancionan a las personas que cometen actos violentos contra los infantes (por ejemplo, las nanas desadaptadas o los violadores de menores), no se toma en cuenta que a veces los niños se quedan en casa con su peor enemiga: su energúmena madre, y todo lo que ella haga sí está permitido y sí es correcto y sí es por el bien de sus retoños … y luego se les llama “Santa Madre”, “Madrecita Pura”, y luego la defendemos a capa y espada cuando los otros nos la mientan, puta madre.Mujer en cárcel

Reviviendo todos estos hechos puestos en escena por el actor peruano, llego a la triste conclusión de que, si alguna vez me reencarno y vuelvo a tener una madre como la que asistió mi infancia, la entregaría sin duda a la justicia o la ajusticiaría personalmente con la misma desquiciada barbarie con la que ella me trató … no hay derecho.

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    mayo 4, 2013 en 1:20 pm

    Pucha, qe pena amigo

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