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Asu mare, ami mare y alas mares de las otras víctimas

abril 23, 2013 1 comentario

ImageProbablemente la película peruana más taquillera de los últimos años, Asumare, es la versión sofisticada del show que Carlos Alcántara ha venido entregando en vivo por muchas temporadas al público de esta parte de Sudamérica. En la obra, el ex “Machín Alberto” narra pasajes de su vida de una forma jocosa y mordaz, centrándose en las vivencias que compartió en familia durante su niñez y parte de su adolescencia. Su madre, personaje principal del monólogo, es presentada de una manera adorablemente desalmada, y su proceder,  aparentemente justificado por la dura vida que le había tocado vivir: prácticamente padre y madre de sus tres hijos, abocada a las tareas del hogar, pero con un empleo externo a tiempo completo para poder asegurar la subsistencia de sus críos y de su inútil marido.

Mujer malignaAlcántara evoca las innumerables veces en que su progenitora descargó sus furias y frustraciones en él y su hermano, haciéndola temible e indeseada en aquellos momentos en que su voluntad era contradicha. Todas estas remembranzas activaron el viejo proyector de mis memorias y, mi bien dibujada sonrisa, pronto se esfumó al empezar a desfilar por mi mente, experiencias similares (o acaso peores) a las que el dicharachero clown hacía alusión en el espectáculo.

Y es que madres que castigan, madres que agreden, madres que provocan daños físicos y sicológicos irreversibles en sus hijos deberían recibir todo el peso de la ley. Nadie les da derecho a ejercer la violencia sobre seres que no tienen ni el tamaño ni la fuerza que tienen ellas. Nadie les da autorización a recrear el trato que recibieron ellas en su propia infancia. No es excusa que ellas tengan el “deber” de corregir y encauzar a sus hijos; si en la actualidad se sancionan a las personas que cometen actos violentos contra los infantes (por ejemplo, las nanas desadaptadas o los violadores de menores), no se toma en cuenta que a veces los niños se quedan en casa con su peor enemiga: su energúmena madre, y todo lo que ella haga sí está permitido y sí es correcto y sí es por el bien de sus retoños … y luego se les llama “Santa Madre”, “Madrecita Pura”, y luego la defendemos a capa y espada cuando los otros nos la mientan, puta madre.Mujer en cárcel

Reviviendo todos estos hechos puestos en escena por el actor peruano, llego a la triste conclusión de que, si alguna vez me reencarno y vuelvo a tener una madre como la que asistió mi infancia, la entregaría sin duda a la justicia o la ajusticiaría personalmente con la misma desquiciada barbarie con la que ella me trató … no hay derecho.

Cuando un amiguito te “quema”

marzo 10, 2013 2 comentarios

ImageSoy amigo “de chat” de Byron hace por lo menos un año y nuestras pláticas siempre fueron fenomenales. Coincidimos en muchas cosas y el chiquillo es de buen ver aunque parece que eso y el poder monetario de sus padres (quienes se dedican al narcotráfico en la zona nororiente del país) lo han hecho despegar los pies del suelo y creerse de una clase social superior.

Con Byron, a pesar de que nunca habíamos tenido un encuentro físico relevante, hemos compartido muchas anécdotas y hasta amantes, pues, después de experimentarlos él, me los endosaba para que yo gozara también de esos cuerpos y sexos recientemente descubiertos. Habíamos siempre contemplado la posibilidad de encontrarnos en persona y tomar una copa de vino o comer algo para poder conversar, conocernos y disfrutar de una amena charla centrada básicamente en hombres, tamaños, poses y número de veces … cosas bastante banales, en realidad.

Mas anoche ocurrió. Yo había terminado mi jornada laboral y estaba llegando al paradero donde una combi me traería hasta mi dulce hogar, cuando siento que alguien me silba y me dice: “guapo”. Era él. En la vereda opuesta me abordó y me llenó de elogios con un jeitinho de lo más peterferrarezco. Yo no había sido expuesto a tales manifestaciones de amaneramiento desde mis épocas discotequeras en Lima, y lo que me estaba pasando anoche me hacía sentir impotente, pues yo había nutrido esa amistad con tiempo y dedicación y ahora todo lo que quería era que la tierra me tragase. Sentía las miradas de todo el mundo sobre mí y ya oía decir a la gente “a este pelao también le suda la espalda”.

ImageSin embargo, ergo, however, but, yo toleré la situación con el mayor aplomo y pude sostener nuestro corto diálogo con entereza. Menos mal (digo yo “menos mal”) que se tenía que ir a tomar el taxi a la acera del frente, mientras yo seguiría en mi intención de tomar mi vehículo público con la esperanza de que no estuviera demasiado lleno para poder abordarlo.

Una vez “a salvo” dentro de mi combi, me puse a pensar en lo acertado de no haber accedido a ninguna salida con él, pues ya me veía yo sentado en algún sitio público, oyendo las aventuras de la “reina de la primavera”.

Y lo que voy a decir aquí va a  sonar homofóbico tal vez, pero es mi pensamiento y seguramente es lo que mucha gente (inclusive gay) piensa sobre este tema: “no tengo nada en contra de los divos o los que se creen Lady Gaga o Britney Speers, pero trazo una clara línea entre ellos y yo”. Para ser gay no es necesario ser aspaventoso y quien quiera serlo, pues que se meta a su discoteca y comparta la noche con los tracas. Punto final.

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Ese secreto que tienes conmigo

febrero 20, 2013 1 comentario

ImageLlegaba a veces a ser insoportable. Dimitri, el dueño de la casa donde vivo, alcohólico de profesión, no dejaba pasar semana virgen; cada dos días o tres, echaba mano de sus botellas vacías de cerveza y las canjeaba por otras llenas en la bodega más cercana. ¿El resultado? Dos o tres días de libación, primero con amigos y finalmente solo, hablando para sí, oyendo sus mismas canciones y evocando los mismos recuerdos de la madre o de los parientes que murieron por los efectos excesivos del alcohol.

Recientemente, y hacia el final de un período de resaca, me convocó en su sala para contarme lo mal que se sentía con el tipo de vida que estaba llevando: derroche de dinero en alcohol y otras cosas innecesarias, y el consabido resultado de resaca y culpabilidad. Me contó que en alguna etapa de su vida recurrió a la AAA y le sirvió mucho, pues llegó a estar más de un año alejado del alcohol, pero, por orgullo y autosuficiencia no fue constante y decidió dejar la terapia. Yo, brillantemente sugerí el retorno a la AAA pues estaba claro que sí funcionaba, a lo que Dimitri me dijo que sí, que sí estaba dispuesto a regresar con la condición de que yo lo acompañara en su visita de reencuentro con la asociación. Me pareció algo lógico y una forma de donar tiempo para que el universo me lo retribuya en algún otro momento, así que quedamos: el martes a las 6 de la tarde nos encontraríamos en la casa para enrumbarnos juntos al centro de la ciudad al local de la asociación.

Llegado el día, encontré a Dimitri temprano y le recordé acerca de nuestra cita. Me dijo que prefería ir solo porque el ir conmigo significaría estar condicionado. No refuté; simplemente estuve de acuerdo con él y me dirigí a mi departamento a decirme a mí mismo que el pobre beodo no saldría jamás de su prisión autoimpuesta. Esa misma noche, al regresar a casa, oí que estaba nuevamente tomando con sus amigos …

Botellón churroUna semana más tarde, pasaba yo las últimas horas de mi marchito domingo metido en la red, cuando empecé a sentir el olor de comida quemándose. Asumí que algún descuidado cocinero se había apartado mucho tiempo de su preparación, pero que, sin duda, volvería raudo al sentir el invasivo olor. Sin embargo, pasaban los minutos y el olor se hacía cada vez más y más severo, y parecía provenir de una cocina cercana. Se lo adjudiqué a unos vecinos, pero no descarté que fuera Dimitri que, habiéndose quedado dormido, hubiese dejado a su suerte la cena que iba a comer. Luego de un largo rato de cavilación, pude desprenderme del chat y aventurarme a bajar a sacar la basura a la calle. Al pasar por la cocina de Dimitri vi que estaba la puerta abierta y que había una olla en la cocina, quemándose. Al fondo y en el patio de lavandería, yacía Dimitri en el piso, inmóvil. Me apresuré en dejar la basura afuera y regresé rápido a socorrer al inconsciente hombre. Primero apagué la hornilla y luego me fui a tratar de despertar a Dimitri, quien estaba tirado en el piso en medio de vidrios rotos y basura. Sus ropas estaban muy sucias, como si se hubiera revolcado  por un basural. Traté de levantarlo y pude conseguir que se incorporara.

hombre-en-calzoncillosHabiéndose puesto en pie, lo llevé hasta su comedor y él, en el camino, se sacó la bermuda que llevaba puesta y se quedó en calzoncillos. Inmediatamente se acomodó en unas sillas que hicieron las veces de cama y siguió con su sueño de alcohol. Tras un rato de no saber qué hacer, fui hasta su dormitorio y vi que estaba la televisión prendida y muchos objetos en su cama, entre ellos un DVD player. Volví al comedor y logré que se levantara para llevarlo a su cuarto. Una vez ahí, saqué las cosas que había en su cama y lo ayudé a acostarse. Apagué el televisor y lo dejé acostado. Se había tapado con una sábana; consideré que mi labor benéfica había concluido y me dispuse a regresar a mi departamento.

Ya en el segundo piso, nuevamente conectado a internet, comenté el incidente a un amigo por el chat, y él me preguntó si yo, aprovechándome del estado en que se encontraba Dimitri, me había atrevido a hacerle tocamientos indebidos; respondí que no, pero fue entonces en que me asaltó un oscuro pensamiento … (continuará)

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Oneroso ladrón de calzoncillos

diciembre 27, 2012 Deja un comentario

Ladrón de calzoncillosHabita en una casa muy cerca de la Mazmorra de mi Suegra, un vil y vicioso amigo de lo ajeno, cuya especialidad en la Universidad del Latrocinio fue el hurto de prendas íntimas masculinas (Título  Nombre de la Nación). No escatima tiempo ni astucia para trepar a los techos de sus vecinos y descolgar todo bóxer, brief o calzoncillo que encuentre a su paso, sean éstos de la talla y antigüedad que sean.

Una vez cometido el delito, este truhán procede a entallarse el botín y frotarse las partes íntimas con lujuria, como si sintiese en su carne los genitales que habitaron hasta hace poco en esa trusa Boxers colgadosmasculina, hasta llegar al éxtasis y mojarlo todo con su fluido.

Siempre atento está a los días de lavado de sus vecinos y prefiere las tinieblas para su torcido accionar. Pero un día lo cogerán y ese día ha de cantar sus proezas o huir con el rabo entre las piernas para, luego de recuperarse del susto, reemprender su afición en nuevos tendales.

Bridges

Una de las ventajas que trae el laborar en más de un lugar es la facilidad de conocer más y diversas personas. Ello es lo que me ocurre en la universidad (¡Oh templo del saber!) donde trabajo. Mas la ventaja más saltante que tengo ahí es la ubicación de una de mis aulas y la vista que esta me ofrece. No es un panorama marino con su puesta de sol ni tampoco un prado verdísimo con riachuelos traviesos y saltarines; es el acceso visual a dos puentes entre pabellones, uno a nivel y el otro a varios metros desde el piso en el que me encuentro; ellos me permiten apreciar la joven belleza masculina de la población universitaria pujante y entusiasta que transita por ahí.

Desde que me instalo en el salón de clases, y durante la hora y media que dura mi sesión académica (especialmente en los cambios de turno), el puente a nivel trae a mi presencia rostros y cuerpos masculinos hermosos que se ven tan cerca que parecería que con sólo estirar la mano podría tocarlos. Envueltos en un aura de color y energía positiva, estos hermosos especímenes exhiben aún partes descubiertas de su cuerpo, cabellos y ojos donde se lee juventud y vigor, risa y salud, metas y perseverancia; todo conjugado en sonrisas al sol como en una mística ofrenda precolombina.

Del mismo modo, pero en plano contrapicado, el puente alto proporción a mi vista los más variados paquetes envueltos en jeans y bermudas de diversos colores y texturas. Son paquetes alegres y optimistas cuyos dueños son jóvenes universitarios que transitan con despreocupación de vuelta e ida  e ida y vuelta sin siquiera imaginar que un par de ojos lujuriosos los apetece un piso más abajo. Decenas y hasta cientos de una sola vez despiertan mi libido y proyectan mi mente a edenes donde la hoja de parra ha sido abolida.

 Son gollerías del oficio que puedo disfrutar en alto grado de exaltación mientras trabajo, deseando a veces tener la vista de rayos X de un súper héroe para poder ver más allá de lo evidente y tal vez de un salto lograr coger algún fruto maduro de esos que se muestran generosos a la vista.

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Un número 13 muy afortunado

Y los sigo contando. Hoy como cada año, coincidiendo con el Día del Trabajo, me toca una celebración muy personal, un aniversario más de mi arribo a esta ciudad de la que ya soy parte, piel y alma. Son trece años que contradicen cualquier superstición de mala suerte o fatalidad.

Podría decir que han sido los 4628 días más felices y fructíferos de mi vida, pues todos ellos me han servido para aprender de la vida y saber que sólo dentro de uno mismo radica el secreto para salir a flote y realizar los sueños que uno tanto anhela.

¡Que sean muchos más!

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Francotiradores

Se apuestan en los pisos altos de los pabellones para fulminar a todo inofensivo y tardío universitario que hace su ingreso al alma máter. Sus miradas son como arcabuces que disparan a matar sin pedir santo y seña. Es preciso a veces caminar de espaldas so riesgo mínimo de quedar convertido en estatua sal, pues estas medusas madrugadoras se ubican en sus posiciones desde tempranas horas para no perderse la aparición de uno solo y poderlo ver transformado en piedra.

Son estas almas solitarias, de arco y flecha, barbita y anteojos, cabeza rapada y pectorales prominentes, quienes trasladan su actitud  de conquista de una noche discotequera al campus de una universidad, convirtiéndola en campo minado.

Hay que andarse con cuidado con ellos, pues un solo impacto de esas miradas puede costarle a uno la vida y hacer virar con violencia toda intención primigenia que nos llevó a volvernos a internar en el templo del saber.

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