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Archive for the ‘Sentimiento’ Category

Santa Claus no quiso entrar por la chimenea esta vez (cuento de navidad)

diciembre 25, 2013 Deja un comentario

ImageMe habían invitado a una cena navideña en una casa que queda por los quintos infiernos, pero yo decliné, principalmente, porque la movilidad había quintuplicado sus precios y, además, la fecha y hora del ágape se prestaban para los actos vandálicos más pintorescos de la ciudad. Al final, por mi seguridad y economía, decidí cancelar mi asistencia mediante un cobarde mensaje de texto  (muy a mi estilo). Sin embargo, para no pasar solito esta fecha tan conmemorativa para varios, decidí emprender la búsqueda de algún galán que supiera atizar bien la hoguera navideña que ardía en mi interior. Fue así como eché mano de una página de perfiles, y me puse a revisar uno que había estado estudiando por largo tiempo. Por fin tomé la decisión de hablarle por Skype y quedamos que nos  hablaríamos en la noche para tomar algún licorcito inofensivo y brindar por la ocasión.

Llegada la hora, establecimos el contacto y le fui a dar el alcance al lugar donde le había indicado. Me sorprendió su atuendo: un polo manga cero (con capucha roja) que dejaba ver sus ejercitados brazos y un jean azul marino muy bien entallado a sus generosos glúteos y bien formados muslos. Una vez dentro de la casa, lo conduje a mi dormitorio, especialmente acondicionado con una mesa de madera en donde esperaban, ansiosas, dos botellas de licor heladitas y dos copas. No podía faltar la música oportuna: una estación radial seleccionada adrede con música bailable y actual para crear la atmósfera correcta y despertar los sentidos.

Empezamos por destapar una de las botellas y  servir las primeras copas. Los temas empezaron siendo triviales y generales, para después irse tornando más personales e inquisitivos. Ya la madrugada se apoderaba de nuestras mentes y, al finalizar la segunda botella de licor, y después de bromas y risas fruto de la ebriedad, me preguntó él si sabía bailar. Se puso de pie y me invitó a la improvisada pista, mas no pudo dar ni un paso más. El licor se agolpó en su cerebro y mi invitado sólo atinó a cerrar los ojos y tomarme de las manos. Nos abrazamos y, a poco, nuestras bocas se encontraron.Image

No tuve que hacerlo retroceder mucho para que cayera en la cama. Me acosté a su lado y mi diestra mano desabrochó en un santiamén su correa y el botón de su pantalón. En medio segundo me quité el polo y me quité el resto de la ropa. Lo desnudé también a él y, finalmente, me encaramé en él y fusioné mi piel con la suya. Mi lengua exploraba su titánico tórax  avanzando hacia abajo, y, en una vertiginosa maniobra, mis fauces se abrieron  para tomar posesión de aquella apetitosa presa que parecía adquirir dimensiones colosales dentro de la húmeda y succionante oscuridad.

Azuzada así su libido, él me envolvió con sus poderosos brazos en un apretón que casi destrozó mi estructura ósea; luego empezó a devorar mi cuello. Más al sur, el fuego de su sexo incendiaba los aledaños de mi área pudenda y yo, en medio de jadeos, rodeé su baja espalda con mis piernas para quedar en la posición exacta para una perfecta estocada. Mas ésta no ocurría. No ocurría y no ocurrió. Yo sentía su miembro empapado pasearse por los alrededores de mi trinchera pero no había ningún intento para consumar la incursión. Creí comprender, entonces, sus escrúpulos y le ofrecí un condón, mas él me dijo, con lenguaje medio entrecortado: “No … es nuestra primera cita … disculpa … no suelo entregarlo todo tan pronto … yo sólo quería abrazarte.”Image

Lo miré breves segundos con una mezcla de desconcierto y lástima, y él me siguió diciendo que todo había sido muy bonito: el conversar conmigo, el pasar todas esas horas charlando y riendo, y que él quería seguirme frecuentando, conociéndome más y haciéndose cada vez parte vital de mi existencia. Asentí con la cabeza y le di un abrazo. Me besó y se vistió; me pidió que lo acompañara a la puerta y accedí. Una vez en la puerta del departamento, me tomo las mejillas con sus dedos y me dio un último y tierno beso. “Te quiero ver siempre” – Me dijo” Y se fue.

La moraleja de esta historia es que, frecuentemente, Santa Claus decide castigar a los niños malos y no entra por su chimenea … hagamos todos méritos para que el próximo diciembre el hombre de rojo sí quiera conservar las tradiciones navideñas.

Tu mirada de fuego encendida en mi mar

ImageFue sólo un inofensivo ataque inicial de nostalgia y esa manía que tengo últimamente de tararear en la mente melodías de canciones casi olvidadas. Era Sergio Denis, sí, el ochentero argentino de grandiosa voz, el autor e intérprete de esa maravillosa canción que sonaba ahora dentro de mi cráneo; me dispuse a buscarla y encontré el video. Realmente touching; ¡cuánto sentimiento en una sola pista musical! Me hizo estremecer de la misma forma en que seguramente lo hizo cuando la oí por primera vez. Decidí que al día siguiente la descargaría para gozar infinitamente de la versión MP3.

Casi a la par que me reencontraba con esta creación musical, hallaba a un personaje en Twitter. No lo conocía pero, siguiendo con mis manías, me gustó su foto y decidí averiguar un poco más de él. Resultó ser un activista LGTBI con participación en marchas por la igualdad y otros eventos. Lo vi en un vídeo, lo escuché hablar, y otra vez a mirar su foto. Le envié un mensaje de felicitación por la labor que hace y lo empecé a seguir. Cerré la noche.

Liendo 2Hoy temprano, me volvió a picar la curiosidad por saber más de él: George Liendo, cuya imagen combinada con la canción de Sergio Denis hacían una mixtura que mi corazón no me supo explicar. Un hombre de singular belleza y prodigioso verbo me aguijonea hoy el corazón y yo, para variar, no sé qué hacer: si coger mis maletas y volar a Lima dejando toda mi vida acá, o esperar a que la bruma del olvido cubra todo con su espesor y me diga: “ha sido todo una ilusión tonta, olvídalo.”

 Y hoy otra vez. Imagen y canción: una combinación que me hace cerrar los ojos húmedos y preguntarme si es posible albergar a estas alturas (y si vale la pena), un amor platónico nacido en una noche de solitario delirio …

La partida de un viejo amigo

abril 8, 2013 3 comentarios

doshombresdndoseunabrazif3Al leer una noticia sobre el fin de la Era Messenger, me llegan a la mente muchos momentos trascendentales en mi vida. Obviamente, para quienes han nacido en la generación Facebook estas nostalgias serán incomprendidas e inexplicables, ya que su página actual les facilita la comunicación en tiempo real y el poder compartir sus fotos y estados de ánimo en cada instante de sus vidas (especialmente a aquellos que lo usan desde un dispositivo móvil).

Remontándonos un poco en el tiempo, luego de la revolución iniciada por ciertos sitios web que proveían de una forma de comunicación escrita e interactiva en tiempo real (por ejemplo: El Chat o MIRC), las cualidades user-friendly del Messenger tomaron posesión de las preferencias de los cibernautas. Empezaron así millones de relaciones virtuales entre usuarios de todo el mundo, yendo desde un vínculo de amistad hasta los cyber romances que se pusieron tan de moda en la década de los 90. En esos años, era muy común oír decir a los jóvenes: “tengo mi cyber novio (a). Páginas posteriores como Yahoo! emularon al Messenger de Hotmail, compitiendo en preferencias gracias a sus características, como “llamadas de voz” o “llamadas de vídeo” .

Debo confesar que, gracias al Messenger de Hotmail, pasé innumerables horas (especialmente nocturnas) hablando y soñando con seudo príncipes azules o MSNamigos que conocía de otras latitudes. De más está decir que también logré estrechar mis lazos familiares cuando mi ubicación geográfica se movió muchos kilómetros al norte de los míos.

Desde hoy, probablemente, no tendremos más a aquel amigo representado por dos íconos (uno celeste y el otro verde) tipo “peoncitos de ajedrez”, quien pasará a la historia como el responsable de muchas horas de conversación y esparcimiento. MSN, te vamos a extrañar.

Sé que el amor llegará pronto … y yo estaré aquí esperándolo

abril 3, 2013 2 comentarios

ImageTodos los caminos llegan a Roma (si no, que lo diga el Piccolino), y si yo soy Roma, el amor encontrará su camino hacia mí por angas o por mangas en el momento más inesperado. Pero, ¿cuál está siendo mi actitud respecto al amor mientras tanto? Contacto gente nueva, preferentemente por la red y, cuando veo que las cosas van tomando color, inmediatamente sale mi instinto asesino y ¡pum! muerto el payaso; no permito que ni siquiera se acerquen a mí porque cualquiera de esas situaciones “huele a peligro” como diría la bigotona Hernández.

Antes tenía claro que, debido a mi coyuntura académica y laboral, era mejor amarrar los perros y esperar un tiempito más escondido entre los matorrales para, luego de ese período, poder hacerme a la mar nuevamente. Mas veo que el amor no está en mis planes. No es una ilusión. No lo veo con optimismo ni ahora ni después. Parece ser que tanta mala experiencia me curtió el pellejo del corazón; me dejó sin ganas, sin fuerzas. Tal vez en mi última relación invertí todas las reservas que tenía y ahora me encuentro en la peor bancarrota de mi historia sentimental.

Cabe resaltar, sin embargo, que esta actitud mía tiene un lado positivo, el protegerme contra posibles daños y desengaños. No Tiradoha pasado el suficiente tiempo en mi vida como para considerar un fracaso como “una raya más al tigre”; soy un ser humano y merezco ser feliz y estar tranquilo, alejado del sufrimiento. Además, mi tendencia a atarearme al extremo de la asfixia mantiene mi  mente ocupada y es sólo en momentos de quietud prolongada (como la dichosa semana santa que acaba de concluir) en que mis pensamientos se ocupan del tema y acude mi desvarío; luego, puedo decir que me mantengo estable y a flote.

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La música que ellos me dejaron

marzo 10, 2013 3 comentarios

Buena parte de la música que hoy disfruto en mi vida se la debo a mis ex. Ellos, sobre todo los que retuve (y a veces, mantuve) por más de un año, fueron los que me dejaron esa herencia musical que supe apreciar e interiorizar para siempre. Cada canción me hace evocar hoy los instantes felices que pasé con ellos, y hace olvidar, por un instante, las álgidas peleas o trágicas rupturas que pusieron el punto final a aquellas relaciones.

Collage 1Por ejemplo, la perrita de sauna, una persona con la que conviví durante más de dos años me presentó a Andrea Bocelli en todo su esplendor, cantando sus solos y dúos, pasando de géneros tan exigentes como la ópera e incursionando con bastante tino en el pop y hasta en el bolero. No está de más también mencionar los astros de la balada Sin Bandera o Alex Ubago, con cuyas canciones yo sentía que me enamoraba más de mi pareja y de la vida.

Colage 2Luego, en aquél verano inolvidable, aquellos casi tres meses que pasé en el norte del país, el piurano cultivaba un excéntrico tipo de música que iba acorde con su personalidad desequilibraba. Llegué a hacer pan de cada día, melodías quase satánicas de agrupaciones como Tool, Cradle of the Filth y H.I.M. (His Infernal Majesty), estos últimos que supe guardar muy dentro de mi corazón con canciones que he hecho mis favoritas, como Venus in our Blood o Play Dead.a19la-quinta-estacion

Y ahora último, abriendo un viejo baúl que mantenía lejos de mí por temor a recrudecer viejas heridas, redescubrí a La Quinta Estación, un grupo que una noche, el último de mis ex me presentó y que me pareció que tocaban un tipo de música de una talla perfecta para mi oído. Está de más decir que durante los últimos cuatro o cinco días he venido escuchando esas canciones sin cansarme, pues, como ya he dicho en este blog en ocasiones pasadas, la música llena todos mis espacios y me transporta por el aire a lugares que me sería difícil llegar a paso natural.

Los dejo aquí con mis Sueños Rotos, de La Quinta Estación.

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El inmenso riesgo de volver a contraer el amor

diciembre 25, 2012 Deja un comentario

Image“Nadie está libre” es un dicho común,  y tampoco hay alguien que haya descubierto la manera de cauterizar las conexiones neurológicas que nos impulsan a buscar a otra persona una y otra vez, a pesar de los constantes topetones amorosos y heridas curadas sólo superficialmente. Aún cuando uno jura nunca más enamorarse y guardar para sí toda consideración y cuidado, el riesgo está ahí, latente, y, con las defensas bajas, no hay vacuna que nos impida el contagio de un nuevo amor.

Yo no tengo cuenta en Facebook, pero ando bien metido en las páginas de búsqueda de hombres; tan metido como lo puede estar un ludópata en el casino o un alcohólico en el bar, y esta “afición” me trae las consabidas consecuencias: luego de tanta demanda y oferta carnal, aparece quien, cual aguja en un pajar, nos mira bonito y nos señala un barco en lontananza, presto para llegar a la orilla a la brevísima velocidad de un “sí”. Abstraerse luego es tarea titánica, pues el corazón se abre como una flor a la luz primaveral y vuelven a despegarse los pies Sin corazóndel suelo.

No cabe entonces el “no me lo advirtieron” o “yo no sabía”; es un pecado a ojos abiertos y una consecuencia tan lógica como quemarse si se ponen las manos al fuego. Una vez embarcado nuevamente habrá que encomendarse a los Apus para que nos lleven con bien en la nueva travesía o, idear la manera de saltar del vagón con la posibilidad de romperse la cabeza. ¿Quién entiende al género humano?

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Demasiado pañal

octubre 5, 2012 2 comentarios

¡Como es que es frágil la memoria y reincidente el corazón! Mi renuencia a oír a la sabiduría popular me llevó por senderos pantanosos y casi, casi, pierdo la cabeza otra vez.

Reencontrándome con un mozuelo otrora bien rankeado en mi escala de prioridades sentimentales, tuve la oportunidad de volver a sentir aquellas frías corrientes dentro de mí que atormentaban mi ser mucho antes de mudarme a estas tierras.

El niño me tejió una bonita telaraña y yo fui adentrándome en ella, tanto que hasta llegué a probar el almíbar que destilan sus labios; anidando sus besos en un cálido rincón de mi corazón. Mas, como era de esperarse, este insensible crío me dejó buenamente queriendo volverlo a ver y envolverlo en mis brazos. Vanos fueron mis intentos por avistar su figura. Inventando inverosímiles enfermedades y otros problemas, me mandó por buen camino a encontrar un río ante el cual derramar mis lágrimas.

No es hora ya de lamentarse, pues un viejo lobo conoce historias de más; tanto por vividas como por contadas, y hemos de enterrar bien ese amor nonato debajo de una pesada montaña para que no pueda salir nunca más.

Digo yo, y siempre lo diré: “lo que haces en esta vida a otros, regresa a ti cual búmeran, a veces más temprano que tarde.” Watch out, Milky Way!

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