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Posts Tagged ‘amor’

Amor inclusivo

abril 1, 2013 1 comentario

Amor mongolitoTuve un amigo que tenía una particularidad: había nacido con retardo mental moderado. Desde temprana edad, este hijo de padres porteños fue blanco de la burla de familiares y compañeros de estudio, quienes no paraban de llamarlo “taradito”, dado que sus rasgos faciales denotaban, también cierta anomalía en la fisonomía de su cráneo. La falta de un verdadero gobierno de su siquis lo hizo cometer gruesos errores en su carrera profesional: intentó involucrarse sexualmente con un alumno de una universidad en la que trabajaba, hecho que no sólo le costó el puesto en esa casa de estudios, sino que le cerró las puertas de muchas alma máters de esa ciudad y sus aledaños.

Con los años, mi amigo se afianzó en las comunicaciones sociales y formó parte de diversas organizaciones abocadas a la defensa de las “minorías”, ya sean sexuales o de “habilidades diferentes” (como Toño y su noviose llaman hoy eufemísticamente a las discapacidades físicas o mentales). En este ínterin de búsqueda de autorrealización, mi amigo conoció a un joven de también rasgos down quien formaba parte de una de estos grupos activistas. Le llamó la atención su desprendimiento y compromiso con los objetivos de su  movimiento, y esas virtudes le hicieron mirarlo con otros ojos y caer rendido a sus pies con el corazón a la intemperie.

Hoy por hoy, ambos enamorados, recorren de la mano el sendero de la ilusión, asisten a conferencias, dan entrevistas de radio y televisión y, pese a sus limitaciones mentales, abogan por un sitial en esta sociedad, bajo el lema: “inclusión para las minorías; todos somos hijos de Dios”.

El inmenso riesgo de volver a contraer el amor

diciembre 25, 2012 Deja un comentario

Image“Nadie está libre” es un dicho común,  y tampoco hay alguien que haya descubierto la manera de cauterizar las conexiones neurológicas que nos impulsan a buscar a otra persona una y otra vez, a pesar de los constantes topetones amorosos y heridas curadas sólo superficialmente. Aún cuando uno jura nunca más enamorarse y guardar para sí toda consideración y cuidado, el riesgo está ahí, latente, y, con las defensas bajas, no hay vacuna que nos impida el contagio de un nuevo amor.

Yo no tengo cuenta en Facebook, pero ando bien metido en las páginas de búsqueda de hombres; tan metido como lo puede estar un ludópata en el casino o un alcohólico en el bar, y esta “afición” me trae las consabidas consecuencias: luego de tanta demanda y oferta carnal, aparece quien, cual aguja en un pajar, nos mira bonito y nos señala un barco en lontananza, presto para llegar a la orilla a la brevísima velocidad de un “sí”. Abstraerse luego es tarea titánica, pues el corazón se abre como una flor a la luz primaveral y vuelven a despegarse los pies Sin corazóndel suelo.

No cabe entonces el “no me lo advirtieron” o “yo no sabía”; es un pecado a ojos abiertos y una consecuencia tan lógica como quemarse si se ponen las manos al fuego. Una vez embarcado nuevamente habrá que encomendarse a los Apus para que nos lleven con bien en la nueva travesía o, idear la manera de saltar del vagón con la posibilidad de romperse la cabeza. ¿Quién entiende al género humano?

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Cada vez nos gusta más sentirnos peruanos en el Perú

noviembre 27, 2011 Deja un comentario

Hace un par de décadas la palabra peruanidad era algo así como un concepto etéreo; una definición que nuestros profesores de Historia enfatizaban sólo al abordar temas como la Guerra del Pacífico o nuestros relativamente recientes conflictos limítrofes. Fuera de ese contexto, y debido a múltiples factores (como el terrorismo o la crisis económica), el peruano se sentía foráneo en su patria, sin un sentido de pertenencia claro. Eran los tiempos en que la meta de niños y jóvenes era buscar horizontes fuera del Perú, emigrar hacia tierras prometidas donde abundaban las oportunidades y donde el futuro se vislumbraba halagüeño. Sin embargo una noche, talvez cuando el Perú dormía profundamente, algo de su pasado le habló en sueños, y al despertar, su conciencia era otra y ya no había por la calle transeúntes, sino compatriotas y hermanos. Y fue entonces cuando cundió la peruanidad.

Quién sabe fue la semilla que plantaron nuestros abuelos en nuestros padres y nuestros padres en nosotros la que de pronto salió de su prolongado letargo e hizo que abriéramos los ojos para ver la riqueza que abunda en nuestras tradiciones, costumbres, música, comida, arte y deporte. Nuestros majestuosos sitios arqueológicos, multicolores danzas, exquisita gastronomía y pujantes deportistas nos han dado un sitial de honor en la nueva historia del planeta; y cada vez más en cercanas o lejanas latitudes del globo se pronuncia la palabra PERÚ, y PERÚ es la palabra que se lee en el pecho de cada vez más peruanos.

Somos aún una nación joven, pero nuestra conciencia ya va siendo más homogénea; nos sentimos felices de ser peruanos en nuestra patria y lucimos una sola identidad, como muestra de invaluable patrimonio y razón de nuestro orgullo.

ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA "CULTURARTE" DEL CENTRO PERUANO AMERICANO
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Una cuestión de confianza

junio 12, 2011 3 comentarios

Frecuentemente me preguntan quienes encuentran mi perfil en las páginas de búsqueda, por qué pongo “no sé” en mi estatus de VIH, y yo les digo porque es la verdad, porque no sé cuál será mi estatus, como seguramente no lo deben saber la inmensa mayoría de gays (aún ésos que ponen en su estatus “negativo”). Y es que nadie puede negar el carácter de ruleta rusa de una relación sexual, y los que se amparan en su permanente uso del condón para decir que están “sanos” están pecando de ignorantes. Yo sé, porque estoy lo suficientemente grandecito, y no lo puedo estar más, que en temas de coito, sólo la abstinencia garantiza 100% el no infectarse con alguna ETS o VIH y dudo mucho que haya gente que, con esa premisa, deje de entregarse a un momento de placer.

Sin embargo, a mi modo de ver, en esta vida, el tema de la entrega total a veces amerita enfrentar los riesgos que significa el quedar contagiado de alguno de estos males y condenarse en vida a un deterioro gradual (o vertiginoso) con la consiguiente muerte. En cuestiones de pareja sentimental la confianza ejerce un rol preponderante en la conducta sexual; es como un compromiso conyugal en el que ninguno de los dos va a amarrar al otro en una silla y torturarlo para que se haga una prueba de Elisa o le confiese cuándo fue que tuvo la última relación sexual de alto riesgo. Desde mi punto de vista, dos que se embarcan en la causa común del amor son libres de elegir la protección a la hora del sexo o ponerse en los ojos la venda de la confianza y esperar que esa decisión no empañe nunca su futuro y/o felicidad.

Sé que algunos dirán que hay que poner por delante la responsabilidad y no perder la cabeza, y que la vida es más importante que cualquier momento de calentura; mas yo les diré que si yo acepto una relación estable, confío, y si la persona se hace frecuente, confío, y que sólo recurriré al condón si se trata de alguien a quien nunca antes he visto.

Sé que juego a la ruleta rusa y mucho, y ha habido veces en que me ha asaltado la preocupación, pero es parte de la vida, y sé que en algún punto de mi existencia, lejano o cercano, me espera una prueba de Elisa, que será como la redención o el fuego eterno, y en ese acto sólo habrá un responsable y protagonista: Yo.

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Je t’aime Trujillo

Hoy, hace doce años llegué a esta ciudad para cubrir un importante puesto de trabajo. Había pedido licencia de un mes en mi centro de labores en Lima, pero creo que el traer tanto equipaje conmigo era como una premonición.

Permanecí en aquella empresa un año, después del cual, decidí establecer mi propia empresa y luego conseguir otro empleo más por horas para poder pagar los gastos fijos. Luego, mis objetivos fueron cambiando, y aquel trabajo eventual se fue tornando en el empleo principal al que más tarde, dedicaría casi la totalidad de mi estado de vigilia. Por ello, mis actividades como empresario pasaron a un segundo plano.

En el plano sentimental he conocido el amor y el desamor y he concluido que la soledad es el precio de la independencia y que por ello hay que saber llevarse bien con ella. Mas, cuando no ha llenado el amor mi corazón, mi cuerpo no se ha privado del ardiente contacto de otras pieles y he llegado a todos los planos a los que mis sentidos me han querido llevar.

A pesar de no haber nacido aquí, me siento un trujillano más, pues en esta ciudad proclamé mi verdadera independencia y logré conquistar aspectos en mi vida que nunca hubiera podido si me quedaba en la ciudad capital. Siento, a cada paso, el latir de este pueblo en mi pecho propio y remo en el mismo sentido que lo hacen mis hermanos nacidos aquí.

Trujillo es el amor que nunca me ha traicionado y el que estará siempre a mi lado, en las buenas y en las malas; es el compañero de vida que siempre soñé y en cuyo seno me gustaría dormir cuando la vida, al final del camino, cierre mis ojos.

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