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Posts Tagged ‘antivalores’

Fucking Christmas! o la degeneración de la navidad

diciembre 25, 2011 1 comentario

¿Qué es la navidad en nuestros días? ¿Por qué es tan atractiva, esperada y anhelada por muchos? Se dice que es la fecha en que reina la paz y unión familiar entre todos los seres humanos, y los medios de comunicación se encargan de restregárnoslo en la cara desde fines de octubre y hasta el 25 de diciembre incluido. Sendas campañas navideñas obligan a la gente a correr a las tiendas y reventarse hasta el último centavo del aguinaldo o hipercargar las 98 tarjetas de crédito otorgadas por las generosas y siempre-preocupadas-por-nosotros entidades financieras. El pavo, el panetón, los regalos, los hiperinflados boletos aéreos o terrestres son ya la razón de ser de estas fechas, mucho más allá del origen religioso que se ha ido perdiendo con el paso de los siglos, la globalización y el vertiginoso desarrollo de la tecnología. Hoy por hoy, el 25 de diciembre no es más la celebración del nacimiento de un líder hebreo hace más de dos mil años; el consumismo y metalización de los sentimientos han evaporado toda buena intención. Y este resultado es muy inherente a la naturaleza humana.

Otras celebraciones religiosas, como el Mardi Gras, que estaban dentro de los días importantes en la Semana Santa católica, han degenerado en Sodo-gomórricos carnavales donde reina el desenfreno de la muchedumbre y la exaltación de cualquier tipo de emoción, excepto el recogimiento o la devoción. La humanidad va dándose cuenta de que el elevar un tributo al Eterno no deja retribuciones tangibles y prefiere adorar a nuevos ídolos, como el Santa Claus de Coca-cola, o al Papá Noel cachondo de alguna página gay; así que, ¿por qué no simplemente disfrutar de nuestro mundo físico y nuestros sentidos sin tener que esperar los feriados calendarios reservados por nuestra Santa Madre Iglesia? Es un desperdicio no hacerlo; recordemos que sólo se vive una vez.

¿Valores = Religión?

abril 15, 2011 4 comentarios

Sin duda, el grupo humano que compone un salón de clase es una fuente inagotable de ideas y sorpresas . La otra noche, una de mis alumnas exponía acerca de los valores y los mencionaba según sus categorías. Como merodeaba mucho a la idea de que si una persona tenía sólida formación religiosa tenía valores más contundente, al momento de terminar su exposición y dar paso a las preguntas, fui el primero en lanzarle un dardo: “¿Has querido decir que si una persona no tiene afiliación religiosa no tiene valores?” Su respuesta bailó como una figura borracha para al final enredarse en un harakiri que nadie supo entender.

Así como en la exposición de mi alumna, muchas personas confunden el hecho de tener valores con el de poseer una creencia religiosa. Yo fui educado en un colegio religioso y un hogar en el que la madre profesaba la fe de los hebreos, y sin embargo, mi presente ateo no debe sus valores a la religión. Mis valores son fruto de una cuidadosa elección y selección; son aquéllos que me permiten ser respetado, admirado sin llegar al extremo de asfixiarme o comprometerme demasiado con los demás. Aún así, con conveniencias y todo, me precio de tener más valores que cualquier persona que tenga el cerebro remojado en el ácido corrosivo de la religión.

Mi ex novio, quien se enorgullece de ser católico, es un caso inexplicable de ejemplo del antivalor: apoya la prostitución, no respeta la dignidad de su prójimo y justifica cualquier acto cuestionable si es que él (o su mamita) lo comete. Sin embargo, su familia es muy devota de la Virgen, nunca deja de ir a la misa, y no se pierde un velorio (sobre todo si les dan de comer gratis). Es ininteligible que con una mano se persigne y con la otra tire la basura a la calle; sin embargo, a la hora de enseñar a sus alumnos pequeños, ahí sí es un dechado de moral.

Y aún cuando mi propia hermana me cuestione el hecho de que, sin creer en Dios, yo le hable de valores, yo me siento tranquilo con mi conciencia y sé que tengo mucho que dejar a las generaciones venideras; pues mi ejemplo fluye diáfano desde mi interior y no destila de la cloaca pútrida de un montón de curas pederastas.

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