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Suficientes nueces, a mi modo de ver

Aún cuando los medios de comunicación peruanos ya dieron anoche su veredicto acerca del debate de candidatos en la segunda vuelta (“mucho ruido y pocas nueces”), yo puedo decir que sí fue lo suficientemente consistente y permitió que el electorado se formase una idea más clara de quiénes son los que pretenden gobernar los destinos del país a partir del 28 de julio.

La candidata Fujimori, desplegando, una vez más, mucho carisma y dominio de escena, mencionó programas sociales y económicos con nombre propio y prometió combatir la violencia urbana con el apoyo de todos los ciudadanos. Ofreció, además, luchar frontal y personalmente  contra el narcotráfico y la corrupción. Al ser inquirida acerca de que si su padre gobernaría a través de ella, la candidata de Fuerza 2011 respondió que es ella quien está al mando de toda su campaña y que es ella quien gobernará de ser elegida presidenta. Al final de su intervención, que despertó una ovación entre los asistentes al debate y que tuvo que ser interrumpida por el moderador, la descendiente nipona dio su frase final en lenguaje sordomudo, apelando, una vez más a los recursos escénicos en los que ha sido adiestrada.

Por su parte, el candidato de Gana Perú, también esbozó planteamientos económicos y sociales, tales como aumentar el sueldo mínimo vital, atender la situación de los jubilados y favorecer el uso de los recursos producidos en el Perú por los propios peruanos. Humala subrayó en varios momentos de su intervención el hecho de que Keiko Fujimori fue la primera dama en el régimen fujimorista y por ende participó en muchas de las decisiones funestas que se tomaron durante dicho gobierno. Ollanta también se refirió al presunto vínculo de la familia Fujimori con el narcotráfico y a que su actual grupo de gobierno potencial está formado por personajes de los tiempos de la dictadura de su padre. Finalmente dijo: “sobre mí hay dudas, sobre ella hay pruebas”, aduciendo al mal término de ese gobierno de la década de los ’90.

Pude percibir una total abstinencia de la candidata a mencionar los vínculos de Humala con Hugo Chávez y un aparente mutuo acuerdo de no mencionar el tema de las matanzas aparentemente perpetradas en el Fujimorato o en la época en la que Humala pertenecía al ejército peruano. ¿Casualidad? Misterios sin resolver. Sin embargo, en líneas generales, me pareció un debate alturado e informativo, sin demasiada carnicería (que es lo que los medios buscan). Mas mi decisión final sigue siendo la misma: votaré en blanco, aunque quepa la posibilidad de que mi voto sea manipulado; al menos estaré en paz con mi conciencia y no seré cómplice del descalabro futuro por haber elegido al “menos malo”, que, por cierto, ¿quién es?

Más que un debate, una exposición en vitrina

Muchos peruanos esperábamos grandes sorpresas en los planteamientos de los cinco candidatos con más posibilidades de ganar las elecciones presidenciales; sin embargo, más allá de la impecable vestimenta de todos, los argumentos esbozados no sumaron mucho a lo que ya todos hemos oído. Más bien parecía que estos cinco postulantes iban a una sesión fotográfica o competían por ser el mejor vestido,  en lugar de plantear nuevas propuestas al electorado.

El favorito en las encuestas, Ollanta Humala, parecía un muñeco articulado que sólo se limitó a leer y leer su libreto, y desaprovechó una oportunidad de oro para mostrarse satisfecho y seguro de ganar la presidencia a través de un discurso fluido y cautivador que fuera el que diera el último empuje a quienes todavía no se deciden por quién votar. De los cinco expositores, Humala fue el que más “se desinfló”, pues se mostró pusilánime y no comprometido con la causa.

Luis Castañeda, el ya “desahuciado” por las encuestas, mostró un discurso chillón y ofensivo y le brotaba por los poros el resentimiento de haber perdido casi toda posibilidad de ganar la elección. Pedro Pablo Kuczynski, como siempre acartonado y, por momentos, con una tosecita que hacía pensar en lo avanzado de su edad y en si, en realidad, logrará completar los cinco años de gobierno, propuso reformas tributarias interesantes y se defendió de algunos ataques de sus adversarios. El buen punto es que al final de su intervención, recordó a la población que debían marcar su símbolo en la cédula electoral.

El ex presidente Alejandro Toledo fue uno de los mejores de la noche. Se mostró cuajado, experto y más seguro que en años anteriores y, a la vez que recordar los logros alcanzados en su período como presidente, hizo planteamientos bastante realizables para un eventual segundo gobierno. Se defendió de los ataques con argumentos claros y, utilizó la ironía para referirse a sus adversarios y a algunas de las fallas de éstos.

El caso de la hija del también ex presidente Alberto Fujimori, merece atención aparte. Keiko tuvo una muy adecuada exposición (excelente lenguaje corporal y frases muy precisas), pero su mayor error fue hablar del gobierno de su padre como si ella hubiese también gobernado o como si ella fuera su clon como para continuar la labor. Le faltó independencia y auto identidad. También falló al hacer preguntas a sus adversarios, pues en ello se mostró débil y parecía una tímida colegiala. Sin embargo, sus palabras finales fueron impactantes al decir que ella era “Keiko Fujimori, hija de Alberto Fujimori y Susana Higuchi, a mucha honra”. Seguramente que esta frase pasará a la historia y calará profundamente en las conciencias de los electores, ya que, el honrar a los padres es un valor importantísimo dentro del pueblo peruano.

En conclusión y en mi humilde opinión de elector, el debate de anoche terminará de hundir a Castañeda, restará votos a Humala, mantendrá a PPK en su posición, y subirá bonos a Toledo y Fujimori, lo cual deja más clara la definición para el 10 de abril. Mas, si me preguntan, mi voto sigue siendo por Toledo.

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