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Posts Tagged ‘desengaño’

Demasiado pañal

octubre 5, 2012 2 comentarios

¡Como es que es frágil la memoria y reincidente el corazón! Mi renuencia a oír a la sabiduría popular me llevó por senderos pantanosos y casi, casi, pierdo la cabeza otra vez.

Reencontrándome con un mozuelo otrora bien rankeado en mi escala de prioridades sentimentales, tuve la oportunidad de volver a sentir aquellas frías corrientes dentro de mí que atormentaban mi ser mucho antes de mudarme a estas tierras.

El niño me tejió una bonita telaraña y yo fui adentrándome en ella, tanto que hasta llegué a probar el almíbar que destilan sus labios; anidando sus besos en un cálido rincón de mi corazón. Mas, como era de esperarse, este insensible crío me dejó buenamente queriendo volverlo a ver y envolverlo en mis brazos. Vanos fueron mis intentos por avistar su figura. Inventando inverosímiles enfermedades y otros problemas, me mandó por buen camino a encontrar un río ante el cual derramar mis lágrimas.

No es hora ya de lamentarse, pues un viejo lobo conoce historias de más; tanto por vividas como por contadas, y hemos de enterrar bien ese amor nonato debajo de una pesada montaña para que no pueda salir nunca más.

Digo yo, y siempre lo diré: “lo que haces en esta vida a otros, regresa a ti cual búmeran, a veces más temprano que tarde.” Watch out, Milky Way!

Categorías:Pessoal, Sentimiento Etiquetas: ,

Chocolate amargo

octubre 31, 2011 Deja un comentario

Al borde de la media noche me doy cuenta de que las ilusiones son de humo y las oportunidades perdidas no regresan. Es una quimera el pretender manejar una situación que ya no existe; es inútil tratar de jugar con el cadáver de un nonato, porque ya no vive; es más, lo matamos antes de nacer.

De nada sirve hilvanar expectativas sobre algo que es etéreo, irrealizable. Es infame querer transitar por un puente de sueños, pues se desvanecerá al despertar. No tiene caso sentarse a esperar en una estación de tren a alguien que se ha ido en barco;  un barco que lo llevará por vertientes amazónicas irrenunciables.

Si no fuimos capaces de acunar un sentimiento incipiente, ahora es tarde para la añoranza, pues el chocolate se volvió amargo, y su ponzoña nos ha convertido en cómplices asesinos de la felicidad.

¿Cuán devastador puede ser el desengaño?

julio 10, 2011 2 comentarios

Últimamente me he preguntado qué hubiera pasado si Lois Lane o Mary Jane Watson se hubieran enterado de que sus respectivos novios (Clark Kent y Peter Parker) eran seres con poderes especiales y que tenían que llevar su identidad tras la apariencia convencional de un ciudadano de a pie. ¿Hubieran aceptado igualmente una relación con ellos o los hubieran rechazado por considerarlos complicados y peligrosos? Ello nunca lo sabremos porque siempre vemos en los cómics, o en la pantalla grande, que estos superhombres cuentan con la aceptación incondicional de sus parejas, quienes, además, los admiran por ser como son y por diferenciarse tan claramente del resto de hombres del planeta.

Y algo similar ocurre en la vida real. Siempre que conocemos a alguien que reúne los requisitos para volver a intentar algo serio, adoptamos poses a veces disforzadas y artificiales e intentamos edulcorar nuestros defectos a través de actitudes que, de progresar el vínculo sentimental, se correrán como máscara rimmel de modelo llorona. ¿Qué hacer, entonces, para lucir auténticos desde la primera vez y no proyectar una imagen irreal y excesivamente perfecta? Habrá talvez que abrirnos la camisa para mostrar la “S” o la araña que llevamos en el pecho desde un primer momento y así evitar sorpresas a mediano plazo.

Mas parece que lo acabado de mencionar tampoco es la solución, ya que la mayoría de personas no somos superhombres que tenemos como misión salvar a la humanidad de algún terrible enemigo; somos simples mortales con más defectos que virtudes que llevamos una existencia muchas veces en contra de la corriente y luchamos día a día por mantener la cabeza fuera del agua. Nuestros anhelos y apetitos son desbocados mientras no tengamos dueño, pero nuestra lealtad y entrega se canalizarán en exclusiva si encontramos ese puerto, ese corazón que nos pueda albergar en todo momento por difícil que se tornen las circunstancias.

Es harto difícil entenderlo y el desencanto puede ser devastador –pues me ha tocado vivir una situación de este tipo en carne propia- pero es la realidad, y solamente una mente madura y un alma sincera serán capaces de entenderlo. Mientras ello no suceda, La Mazmorra de mi Suegra continuará siendo un escudo en el que chocarán todas las ilusiones y expectativas frágiles, manteniendo detrás mi personalidad cruda pero humana, deseosa por cambiar su rumbo por alguien que verdaderamente tenga el ingenio y la química para poder llegar a mí.

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