Archivo

Posts Tagged ‘deseo sexual’

Regalo una piel desensibilizada y sin escrúpulos

diciembre 29, 2012 Deja un comentario

Pain faceEl sobreuso de la piel origina llagas que exponen el alma a infecciones que duelen sobremanera. El entregarse sin motivo a una vorágine de deseo apaga fuegos coyunturales pero nos expone al padecimiento de una melancolía inesperada, que es la merecida recompensa por haber perdido el gusto a la vida.

En mi desenfrenada locura por coleccionar noches de placer, surco las ardientes aguas de jóvenes ríos, sin importarme si su caudal me llevará a mares de pesadilla o remordimiento.  Mi mente no percibe y se abstrae, como si tuviera la secreta misión de compensar todo el tiempo de veda que significa el laberinto de una vida 5332646-collage--puesta-de-sol-en-el-planeta-alienigenahuérfana de privilegios.

Y de esta manera, pierdo la noción del día, mi sol se pone de mañana y en mi noche la luna huye a órbitas ajenas. No consigo sintonizar mis sentimientos y hago daño … y hago daño: corto amarras y dejo mis barcos alejarse en altamar sin la más mínima esperanza de un puerto promisorio.

¿Quién dice que el sexo arruina la amistad?

diciembre 24, 2011 2 comentarios

En mis ya no tan recurrentes exploraciones por las páginas de encuentros gays, me he chocado con individuos que dicen no buscar sexo, a pesar de tener perfiles con fotos más que insinuantes y una lista de preferencias sexuales dignas del Kamasutra gay. Esto es contradictorio, pues las mencionadas páginas son un supermercado de la carne y quien tiene una cuenta ahí y se conecta alguna vez es porque está buscando sexo; no hay otra explicación. Quienes digan que están buscando a su “Príncipe Azul” o a “un gran amigo” están pecando de ingenuos, o nos han visto la cara de estúpidos.

Varias personas extraídas de esas páginas, una vez agregadas a mi lista de contactos, me han despertado cierto interés que, al ir en aumento, ha originado que les llegue a cursar irreverentes proposiciones. Sin embargo, en algunas ocasiones, he recibido respuestas como que sólo quieren conversar o que les caigo tan bien que tener sexo nos haría perder la “hermosa amistad” que tenemos. Para mis adentros he reído de semejantes sandeces o hasta me ha fluido la bilis por la incapacidad de estas personas de poder, con sinceridad, decir cuáles son los verdaderos motivos de su rechazo. Y cuando se trata de hablar con pasivos, la imaginación es una cualidad de la que muchos adolecen. Argumentan que “pan con pan no pega” o que lo que ellos buscan es un hombre “de verdad”. En realidad, por mi cabeza no pasa una justificación ante tal falta de neuronas, pues las alternativas sobran. No sólo la penetración es el objetivo, pues existen otras maneras de interrelacionarse íntimamente, como por ejemplo, caricias, besos, sexo oral, o, por último, una inopinada pero contundente “sentada” en el regazo del otro.

En lo personal, he cultivado amistades verdaderas y transparentes en las que han ocurrido memorables episodios de sexo, y ello no ha menguado en nada la lealtad, solidaridad y complicidad con mis amigos; muy por el contrario, hemos reforzado los vínculos amicales y he demostrado que el ser amigo significa estar ahí precisamente cuando el otro te necesita.

Finalmente, he llegado a una conclusión. No se trata de exceso de prejuicios o demasiados escrúpulos. Cuando te dicen que al tener sexo contigo “arruinarían” la hermosa amistad que tienen contigo porque les caes de ptm; no es sino otra manera de decir que no eres su tipo de hombre y que, con tu permiso, seguirán buscando en ese supermercado de la carne llamado página de encuentros.

Cariño prestado

agosto 10, 2011 3 comentarios

Haciendo buen uso del tiempo del que dispongo estos días, me aventuro a echar mis redes al ancho mar y ver qué especímenes puedo saborear cada vez. Los consigo de todo tipo: jóvenes, maduros, altos, bajos, altos, bajos, delgados, gruesos, blancos, trigueños, dotados, maniceros, machitos, maniquíes de discoteca, etc., etc., etc.  Y cada cual demuestra su arte y estilo entre las cuatro paredes de mi habitación.

Sin embargo, y a pesar de la diversidad de hombres con la que interactúo, casi siempre se mantiene una constante: el cuidado y afecto que ellos ponen en cada encuentro. Aún si es la primera vez o ya un “reincidente”, el calor y cariño que despliegan en el sexo es un sello que marca mi piel en brasas. Me siento envuelto en una vorágine de pasiones desbocadas, pues hasta aquél que tenga rostro de niño y modales de cortesano, se vuelve un león en mi cama cuando nuestras lenguas hacen contacto. Se vuelve agonía cada minuto en que su cuerpo se enmaraña con el mío; nuestras mejillas se lijan sin piedad y nuestras narices interpretan un concierto de respiraciones entrecortadas y gemidos, el lecho se convierte en una atalaya que ya parece querer despegar por los duros embates que se dan sobre ella tras el galope fiero y desnudo de dos guerreros fundidos en un solo sudor. La incursión de su artillería en mi trinchera corona el acto con un despliegue de fuegos artificiales en toda la bóveda celeste, y el disparo blanco de su arma negra señala la capitulación del  combate y consiguiente rendición de los prisioneros.

Así sucede cada vez, y así continuará sucediendo. Se abren puertas, ya de madrugada, y acompaño a mi embajador de turno a emprender su periplo de retorno, muy agradecido, pero apenado de que todo lo acabado de vivir no haya sido más que el resultado de un momento de arrebato y sentimientos prestados. No me queda nada, todo se evapora en quimeras y cuestionamientos vacíos … será hasta la próxima vez.

Never mature enough

junio 2, 2011 3 comentarios

They say it is improbable you make the same mistake twice if you are old enough to “use your head”; that is simply bullshit! Age is not a guarantee of avoiding things you did in the past; what’s more, it enables you to do things with all the knowledge of the consequences they might bring. For example, you have been warned a million times to use a condom when you have sex. Probably, as a young kid, you freaked out whenever you had sex even with a condom on, because you were inexperienced or you had been told horrifying things about AIDS or other STIs. Then, after each intercourse, all your concerns prevented you from sleeping or developing a normal life because the fright of being infected would follow you as a shadow.

Later, as an adult, you keep the warning in mind but you learn to “trust” words, especially from those who become your love partners or permanent sex buddies. Perhaps the HIV test doesn’t take part of your habits, but you keep a record of the risky and not risky sexual experiences you’ve been through throughout your life. After that, having used a condom for a while, you decide to surrender to passion without protection because you decide you and that guy you have above you deserve it, and there comes it again: “I did it bareback, oh my God!”

To the ones who have run into a situation like this I would say, never regret about what you have done. If you did it, you cannot take it back, and if you did it, it was because you wanted to do it, because you felt you were ready, and because you were sure there was no risk. Even if you are middle aged and you were supposed to protect yourself but you didn’t, don’t feel bad, it was worth it! Probably next time you will have more time to make a different decision.

Categorías:Sexo Etiquetas: , ,

Cuando se nos va el sexo, ¿nos queda el amor?

abril 7, 2011 4 comentarios

Si hay algo que he aprendido en esta todavía corta travesía por la base cuatro es que el ser humano no tiene la monogamia como un don innato. Como en cualquier tipo de actividad que se realiza por mucho tiempo, el sexo con una sola persona llega a convertirse en una insoportable monotonía después de pasados los meses o años.

Ello no es mayor problema para el soltero que puede, simplemente, desechar el sexo monótono y buscar algo nuevo y excitante. El conflicto sí surge si es que este hartazgo se presenta en una relación de pareja. Aquí, entonces, aparecen las disyuntivas y las excusas para tratar de disimular el problema (por ejemplo: “es sólo momentáneo, ya pasará”). Sin embargo, si realmente se detecta el problema y se identifica como tal, nos quedarán dos opciones: o ser infieles a nuestra pareja o cortar la relación por lo sano para emprender una etapa de libertad sexual sin ataduras de ningún tipo.

Si hablamos de mi última relación sentimental, puedo decir que, como en todo inicio, el sexo del primer año fue incomparable. Disfrutamos del placer carnal sin medida a cualquier hora del día y sin escatimar la frecuencia ni la duración del acto. Sin embargo, pasado el tiempo, empezó a asentarse la rutina y, ella confabulada con el trabajo y el estrés, fue espaciando más y más nuestros encuentros sexuales hasta dejarlos casi totalmente nulos hacia el final del segundo año.

Otra experiencia es la de un amigo que tiene muchos años con su pareja. Él me ha contado que la única experiencia sexual que tiene desde hace por lo menos cinco años es la masturbación, pues con su pareja ya no hay ni siquiera la curiosidad de ver si se puede intentar alguna forma de reavivar el deseo. Échanle la culpa a que no tienen un espacio 100% privado para intimar, pues mi amigo vive en la casa de su pareja pero duermen en cuartos separados (para “aparentar”), pero, si ello fuese realmente el motivo, no hubiera ocurrido lo que recientemente les pasó. Planificaron un hermoso viaje a una isla del Pacífico, como una suerte de segunda Luna de Miel, y así poder redescubrir la intimidad tan necesaria entre dos personas. Mas, a última hora, se les ocurrió invitar a un amigo, un tercer integrante para el periplo, una perfecta excusa para, a la vuelta del viaje poder decir: “no pudimos tener sexo porque TUVIMOS QUE compartir el alojamiento con este amigo”. ¡Ni hablar, pues! Si yo estoy planificando un viaje de reencuentro sexual con mi pareja, jamás voy a permitir que un tercero lo arruine. Para mí fue solamente una forma de manifestar su temor a que, tan pronto como se vieran solos en la intimidad, se dieran cuenta de que ya no se atraen más; ¡oh triste realidad! Así que ahora, estos amigos míos llevan una vida de jubilados octogenarios; han decidido recorrer el mundo como una posible forma de encontrar en el viaje y gasto de dinero lo que ya no sienten el uno por el otro: adrenalina y excitación.

Sin embargo, en casos como el que acabo de describir, o el mío propio, luego que muere el sexo ¿queda vivo el amor? ¿es posible suplantar el sexo por otras actividades en pareja que nos unan para siempre?


A %d blogueros les gusta esto: