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La gran gala del Maestro

noviembre 28, 2011 6 comentarios

La noche en que el Mago de Oriente me confesó que su corazón tenía dueño pensé nunca más volverlo a ver. Mas luego hice un balance de las tantas cosas y emociones vividas con él en el tiempo récord de sólo tres días; y quise poner en cuarentena su confesión para posteriormente poder desmenuzarla a la luz de la razón.

La primera noche me habló de una presentación que él haría como músico el último sábado del mes; así que me di la oportunidad de enrumbarme una vez más al recinto cultural donde lo conocí. Llegué algo retrasado pues fui a pie desde mi centro de trabajo. Al ingresar a la platea, pude divisar en el escenario a la orquesta sinfónica interpretando melodías para cuerdas, vientos y percusión y, de espaldas al público y dirigiendo a los músicos, estaba él y sólo él. Con su traje de ave de la Antártica y batuta en mano movía las manos y el cuerpo con tiempos de partitura, y la orquesta bajo sus órdenes producía melodías ancestrales que tatuaban los corazones de la audiencia con dibujos de melancolía y apasionamiento. El Maestro terminó la primera pieza y se dio vuelta a agradecer. Su sonrisa resplandecía bajo la intensa luz negra de la noche y perfumados capullos de nácar florecían sobre su pecho.

Al final de la función salí al lobby del teatro a esperarlo para extenderle mi felicitación. Vi salir a muchos de los músicos y la espera se hacía eterna. Mi paciencia se vio recompensada cuando por fin apareció por los pasillos y me sonrió desde lejos. Ya lo suficientemente cerca me dijo que estaba contento de que yo hubiera ido a verlo. Intercambiamos algunas otras palabras y le entregué un dulce que a él le había gustado mucho. Me agradeció nuevamente y yo extendí mi mano para despedirme; mas él se acercó más a mí y me estrechó en un abrazo tan envolvente y cariñoso que muy bien pudieron haberse dado nuestros corazones un beso en la boca.

Al salir yo del teatro me enrumbé hacia una avenida principal y me di cuenta que, mientras caminaba, mis pies ya no tocaban el suelo y en mi mente habían empezado a sonar unos violines.

Miradas de una noche de lírica (segunda parte)

noviembre 24, 2011 2 comentarios

No esperaba de ninguna forma aburrirme esa noche, pues me gusta mucho el espectáculo con solistas, coros polifónicos y orquestas sinfónicas, pero mi recién estrenado acompañante me puso en alerta 100% más mientras me contaba la razón de su llegada a mi ciudad (hace ya más de dos meses) y su labor de voluntario como músico y director de orquesta.

Para resumir, diré que nadie reclamó el asiento donde furtivamente se había sentado él, a pesar de que su entrada decía mezzanine y él había invadido la platea. Nuestra plática cambió del español al inglés cuando le informé de mi ocupación. Su acento, perfecto, sin rastro de dejos extranjeros invasores, hacía trabajar mi cerebro y mi lengua en horarios y recintos desacostumbrados; un lujo que no me podía perder.

Callaron las luces y se elevó el telón. Disfrutamos de más de una hora de espectáculo con todo y su intermedio, en el que aprovechábamos para seguir conversando. Y era dulce, y era hermoso y yo … yo no lo podía creer. Al final del espectáculo me preguntó si podíamos ir a tomar un café. Yo, con alguna reserva de dignidad, decliné la propuesta, pues había estado trabajando desde muy temprano y sólo quería dormir. Cuando estuve a punto de pedir algo a este mago de oriente, se me adelantó y me dijo que no tenía teléfono, pues vivía en una propiedad proporcionada por la asociación para la que trabaja y la compartía con ocho compañeras llegadas de Alemania al igual que él; sin embargo, yo sí le proporcioné el mío, y quedamos en que me llamaría al día siguiente para almorzar juntos.

Fue así mismo el sábado y luego caminamos mucho y comimos postres y nos alegramos y nos acompañamos. Yo, en mi mente, trataba de explicarme el por qué de todo y qué tipo de interés tendría él hacia mí. Nos habíamos conocido la noche anterior y hoy ya éramos amigos de toda la vida. Llegó otra despedida, pero sin obviar la proyección de una próxima cita: el cine, toda una tarde en la que disfrutaríamos mucho juntos; hasta que me hizo una confesión: “Tengo pareja”.

Miradas de una noche de lírica

noviembre 18, 2011 2 comentarios

Definitivamente este mes de noviembre se irá con un sabor muy cargado a trabajo, fotos y nuevas experiencias. Como ejemplo, el día de hoy. Parecía que iba a ser uno de esos días blancos en los que regreso temprano a casa para ponerme al día en tareas pendientes, mas, antes de regresar a mi hogar, tenía que legalizar la fotocopia de mi documento de identidad por ser uno de los requisitos que  mi futura universidad me exige para acogerme dentro de su población estudiantil.

Después de entrar y salir de un par de notarías por no ofrecerme un servicio inmediato, tuve la suerte de encontrar una tercera en la que sólo demoraría un cuarto de hora la legalización y de ahí podría enrumbarme a mi urbanización y comprar pan para el desayuno de mañana y agua purificada en botellas grandes para mi consumo personal. Como quiera que me encontraba en el centro de la ciudad y tenía curiosidad por saber si hoy sería la Gala del XV Concurso Internacional de Canto Lírico que se da en mi ciudad todos los años, después de la legalización, decidí dirigirme hacia el viejo teatro municipal y hacer unas pesquisas al respecto. ¡Exacto! Acerté. No me había fallado la memoria, hoy sería la gala y sólo así podría consolarme de haberme perdido las fechas anteriores del certamen. Compré mi entrada y esperé a que abrieran las puertas del recinto artístico para hacer mi ingreso y tomar posesión de mi butaca.

Llegada la hora entré y me senté en la segunda fila del lado derecho, muy cerca al escenario, pues me gusta percibir el perfume de la música apenas éste emana. Mientras el telón aún permanecía cerrado, pude ver a un empleado del teatro que hacía esfuerzos por colocar al borde del escenario los interminables mini arreglos florales que le traían cada dos minutos. Ocupada mi mente estaba tratando yo mismo de resolver el teorema de colocar cincuenta canastillas de flores en fila en un espacio de sólo diez metros de ancho (y hasta creo que hubiera sido capaz de pararme y ayudar al ya casi desesperado e impotente empleado), cuando una voz me distrajo hablándome desde la fila de asientos de atrás. Viré la cabeza y me encontré con un par de enormes ojos hindúes que me sonreían mientras una preciosa boca me hacía preguntas en un español quebrado.

–  ¿Es usted uno de los organizadores del concurso? – Fui interrogado

–  No, no … -Dije yo tomado por sorpresa y obnubilado por esa presencia súbita

– ¿De dónde es usted? – Continuaron las preguntas

– Soy peruano – Respondió este orgulloso pechito

– ¿De Trujillo? – Continuó el  ángel de canela

–  Nací en Lima, pero vivo en aquí hace doce años … y usted ¿de dónde es? – Arremetí yo

– De Malasia – Contestó con esa sonrisa que ahora no me puedo borrar de los ojos

(Continuará …)

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