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Posts Tagged ‘independencia’

¡Yo soy del Perú, señores!

Ser peruano es el regalo más preciado que me puede haber dado la vida. Fuera de un patrioterismo impuesto que nos trataron de inculcar en edad escolar, las diversas circunstancias de mi existir me enseñaron que ostento el privilegio de ser heredero de una raza luchadora que siempre tuvo como horizonte el trabajo y el éxito en todos sus campos.

Las diversas etapas de nuestra historia nos muestran cómo el país sufrió invasiones y guerras, y, aun cuando no se puede vivir llorando recuerdos tristes, es menester aprender de los errores y sacar en limpio los cambios favorables que se produjeron bajo estas circunstancias. El mestizaje racial y cultural dieron a luz a nuestra identidad de hoy: un país multifacético, pero con una identidad homogénea que día a día se va consolidando en las conciencias.

Se nos critica mucho de individualistas y hasta de alienados, mas, recordemos, que tenemos apenas menos de 200 años como país independiente y que, aun a nuestra corta edad, se ve ya que el amor al Perú, su gente y su cultura, van cuajando en una sola voz que a todo pulmón (y en cualquier momento y circunstancia) está dispuesta a gritar: ¡VIVA EL PERÚ!

Un saludo desde este blog a todos los compatriotas residentes en nuestra patria y, un mensaje a quienes viven fuera: nuestro país necesita de todos sus hijos, nunca es tarde para  volver.

Independencia y soledad: dos caras de la misma moneda

junio 17, 2011 2 comentarios

No hay nada más delicioso en este mundo que llegar a casa después de un día sobrecargado de trabajo y tensiones y poder relajarse sin que nadie moleste o esté ahí para reprochar que si uno llegó muy tarde o que no llamó o mensajeó durante la mañana. El hogar individual puede ser el refugio soñado para recuperar las energías y el buen ánimo perdidos en la diaria batalla con el exterior, pues la ausencia de compañía promueve el desarrollo de pasatiempos y el poderse dar ciertos gustos que únicamente a solas son posibles. Es más, todo ello cae a pedir de boca cuando somos adictos al trabajo y cualquier tregua nos viene bien, pues, el contraste de la tranquilidad es una bendición para nuestro ya crónico estrés.

Mas ¿Qué ocurre en los momentos cuando nuestra mente no tiene presiones laborales o académicas? ¿Qué pasa cuando lo que más tenemos en el lar son espacios vacíos, recuerdos, anhelos y una pc como único oasis, pero que al final sólo te puede ayudar a naufragar? ¿En qué se convierte el remanso de paz en las largas horas de un día (o noche) en blanco, sin ningún asunto qué atender? ¿De qué están hechas las paredes cuando no hay unos ojos colgados en los cuales reflejarse? Es aquí cuando la soledad se encumbra y agita su largo zurriago en amenazador gesto; es entonces cuando un ejército de demonios se libera para hendirte con sus trinches de ponzoñosa neurosis, a un ritmo tan vivo que todo alrededor empieza a dar vueltas poniendo frente a tus ojos imágenes del pasado y de lo que no pudo ser. Se siente, pues, intensamente el dolor que ejerce el vacío y huye de la memoria el millón de razones que te hicieron tomar la decisión de retomar las riendas de tu propia vida.

Si bien es cierto, la lucha por la emancipación sentimental costó mucho alcanzarla, y zafarse del yugo dejó heridas que aún están a medio cerrar, hay que tener mucho temple para manejar una vida en solitario. Es menester rodearse de gente real y compartir momentos de calidad con ellos; total, fue precisamente por ello que buscábamos ser nuevamente libres, para tener acceso a las personas que nos plazca y encontrar, talvez, un nuevo camino que nos conduzca a la felicidad.

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Je t’aime Trujillo

Hoy, hace doce años llegué a esta ciudad para cubrir un importante puesto de trabajo. Había pedido licencia de un mes en mi centro de labores en Lima, pero creo que el traer tanto equipaje conmigo era como una premonición.

Permanecí en aquella empresa un año, después del cual, decidí establecer mi propia empresa y luego conseguir otro empleo más por horas para poder pagar los gastos fijos. Luego, mis objetivos fueron cambiando, y aquel trabajo eventual se fue tornando en el empleo principal al que más tarde, dedicaría casi la totalidad de mi estado de vigilia. Por ello, mis actividades como empresario pasaron a un segundo plano.

En el plano sentimental he conocido el amor y el desamor y he concluido que la soledad es el precio de la independencia y que por ello hay que saber llevarse bien con ella. Mas, cuando no ha llenado el amor mi corazón, mi cuerpo no se ha privado del ardiente contacto de otras pieles y he llegado a todos los planos a los que mis sentidos me han querido llevar.

A pesar de no haber nacido aquí, me siento un trujillano más, pues en esta ciudad proclamé mi verdadera independencia y logré conquistar aspectos en mi vida que nunca hubiera podido si me quedaba en la ciudad capital. Siento, a cada paso, el latir de este pueblo en mi pecho propio y remo en el mismo sentido que lo hacen mis hermanos nacidos aquí.

Trujillo es el amor que nunca me ha traicionado y el que estará siempre a mi lado, en las buenas y en las malas; es el compañero de vida que siempre soñé y en cuyo seno me gustaría dormir cuando la vida, al final del camino, cierre mis ojos.

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Amores en BLANCO y NEGRO

marzo 18, 2011 4 comentarios

Cuando logré independizarme de mis padres, hace ya tiempo, y conseguí un espacio propio donde vivir, empecé a experimentar las dificultades de mi nueva vida (tener que trabajar más, pagar cuentas propias, ver dónde comer, etc.). Por otro lado, empecé, también, a hacer uso de mi independencia de manera hedonística: llevar chicos a mi cuarto sin tener que lidiar con los reparos de nadie.

Eran los tiempos de la fiebre discotequera en Lima, así que en una de esas noches me enganché con un muchacho más joven que yo y de rasgos afro descendientes: alto, de osamenta fuerte y apariencia varonil, aunque sus modales no necesariamente coincidieran con la primera impresión que daba. Ya en la intimidad de mi habitación, pude comprobar que su virilidad radicaba en mucho más que su estatura o contextura física: era un súper dotado y yo, en mi corta experiencia con muchachos, había visto miembros de esas dimensiones solamente en fotos de revistas para adultos. Lo que siguió fue una mezcla de lucha y placer, ya que, tengo que confesarlo, no tuve la capacidad de albergar una pieza de ese calibre dentro de mí. Hubo una segunda oportunidad, pero, por circunstancias ajenas a ambos, no fue, tampoco, una experiencia placentera.

Pasaron muchos años y ya, radicado en esta ciudad, contacté a otro moreno de una ciudad aledaña. También era más joven y alto que yo; también de contextura gruesa y acentuada prominencia genital. Esta vez, seguramente debido a mi buen kilometraje, pude recibir sin problemas los  casi 21 centímetros que tuvo a bien ofrecerme. Nos vimos muchas veces, pero mis reiterados intentos de estabilidad emocional con otras personas, ocasionaron nuestro alejamiento definitivo.

Mas el gusto por el sabor del café sigue vivo en mí y estoy a la espera de un moreno que llegará desde la capital a hospedarse en mi departamento. Esto promete una y mil anécdotas. Ya casi no puedo resistir la impaciencia …

Imágenes tomadas de : http://www.seancody.com

Busco novio “masculino” para que mamá lo apruebe

marzo 11, 2011 4 comentarios

Aún recuerdo claramente cuando conocí a mi ex novio. Las cosas se dieron muy rápidamente, una detrás de la otra. En la tarde lo contacté vía Messenger, y esa misma noche estábamos ya cenando cara a cara en una pizzería. Luego nos fuimos a un parque y estuvimos conversando varias horas hasta que nos sorprendió la madrugada. Ese primer día conversamos de todo; como elaborando un  menú o un índice de los episodios que viviríamos en los siguientes dos años.

Posteriormente, en nuestras cenas conmemorativas de un mes más juntos, él me contaba todo el “proceso” que había supuesto el elegirme a mí como pareja. Me dijo que había conocido a muchas personas antes que a mí y que a tal lo había descartado por esto y a cual por aquello, pero que yo había reunido todos los requisitos del perfil que él tenía en mente: lo físico y también mi condición de ser “muy masculino”. Me dijo que a él no le iban los afeminamientos, pero que, sobre todo, ése era un requisito que el candidato tenía que cumplir para que su mamá lo pudiera aceptar y no pusiera obstáculos en la relación.

Sin embargo, mi masculinidad no fue un arma suficientemente decisiva contra los celos de una madre que temía todo el tiempo que le arrebataran a su hijito y que hacía uso de todo un abanico de artimañas para mantenerlo a su lado. No obstante, la conducta que yo observaba en la mazmorra de mi suegra era siempre con miras de agradarle, pues en su propiedad era que pasábamos la mayor parte del tiempo. Mas, como es de suponer, en casa de ellos no podíamos comportarnos como pareja porque había “que respetar la casa”, y en muchas de las cosas que planeábamos hacer mi novio y yo, teníamos que incluir a la madre, ya que ella estaba sola y no tenía a nadie (¡pobrecita!).

La sangre llegó al río cuando mi ex novio me dijo que en un futuro, yo tendría que mudarme a la casa de ellos, pues, si el abuelo (tercer integrante de la familia) fallecía, mi pareja iba a tener que pasar mucho más tiempo en su casa para acompañar a su mamita. What the fuck? – Pensé yo. Jamás lo haría y jamás lo hice, pues, ¿no había sido suficiente ceder en tantas cosas en aras del amor, que también tendría que condenarme a vivir bajo el yugo de esa bruja por el resto de mi vida? No way, José!

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¿Es la familia de mi novio mi propia familia?

marzo 10, 2011 2 comentarios

Hace unos días preguntaba a mis alumnos acerca de la importancia de llevarse bien con la familia de la pareja; en síntesis, ellos me respondieron que si la pareja era alguien “pasajero”, pues no tenía mayor importancia el conocer y/o tratar a sus padres o hermanos. Sin embargo, si se trataba de la familia de la persona con la que uno se iba a casar, entonces había que hacer todo lo necesario para que esa relación se fortifique, pues los padres de él /ella serían luego como nuestros “segundos padres”. Reí por dentro al escuchar estas ingenuas declaraciones y me pregunté si ello también aplicaría para una relación gay.

En mi caso personal, el tema de la familia es algo que vivo a la distancia. Me considero un buen hijo y un buen hermano, pero no vivo geográficamente cerca de mis consanguíneos, y así me siento bien. Valoro mi independencia y considero mi personalidad y forma de pensar fruto de un largo proceso de evolución que no estoy dispuesto a retroceder, pues sería como traicionarme a mí mismo, o no valorar los esfuerzos que hago por mejorar como ser humano.

Sin embargo, en la relación más reciente que tuve, en aras de no perder ni un segundo de vista a mi amorcito, accedí a involucrarme en su vida familiar (ya que él vive con su madre y abuelo). Entonces, me vi nuevamente inserto en un juego de reglas, costumbres y devociones que trajo a mi mente recuerdos de mis años aquellos en la capital junto a mi familia. Me di cuenta un poco tarde que mi decisión no había sido la correcta, pues tenía que lidiar con una insufrible suegra que padecía de “hijitis”, por temer que en cualquier momento yo le arrebatara al fruto de sus entrañas, y hacía lo imposible por limitar el tiempo que yo pasara con él. Estaba además el abuelo a quien, por solidaridad, tuve que sobrellevar, aunque sin mucho esfuerzo, pues él era el único miembro cuerdo de la familia y me deleitaba escuchando sus relatos acerca de la tierra donde nació (que es también la de mis propios abuelos).  Ni qué decir de los parientes que llegaban de cuando en cuando a las reuniones familiares, armando tremendo alboroto y mirándome ahí, elemento ajeno a la familia, como el “sobrino” que apareció de la nada (talvez de otro planeta), pero que actuaba como si hubiera nacido en casa.

Que quede claro que esta temporal renuncia a mis principios se debió a mi intención de conservar mi relación con alguien que, al parecer, no había aprendido a hacer una distinción entre su vida familiar y su relación sentimental. El resultado de este experimento me llevó a una asfixia de valores, y terminó siendo un factor de distanciamiento en mi relación. Considero que uno no se puede (ni debe) desligar completamente de la familia, pero también hay que saber hallar el equilibrio adecuado para que ninguna de las partes se perjudique.

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