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Pasivos y pasivos

marzo 29, 2012 6 comentarios

Es un pensamiento recurrente que me asalta cada puesta de luna: “¿es verdad que pan con pan no pega? ¿es cierto que si dos pasivos se conocen no podrán concretar nada en la cama a menos que uno penetre al otro?”. Y me asalta porque con frecuencia conozco pasivos que tienen bondades dignas de ser explotadas y, como buen extractor de recursos que soy, yo me siento llamado a hacerlo.

Sin embargo, me choco con cada loca reacción que va desde un “no, gracias” hasta un “a mí me gustan los hombres bien hombres; entre dos mujeres nada puede pasar”. De más están los argumentos que se agolpan mi mente en ese momento tratando de explicar mi condición de hombre no cocomarusixezco ni naamintimoycano, pues hay cada pasiva fijación en dichos cerebros que se hace imposible hacerlos entrar en razón. Ya esto me ha causado más de un disgusto y hasta podría ver en el horizonte un muy posible rompimiento de relaciones diplomáticas con ciertos individuos.

Por otro lado, también los hay quienes piensan como yo, que un cuerpo es un cuerpo, y que más allá de la opción de cada cual, está en cada uno usar sus habilidades y curiosidad en favor de un conocimiento más personalizado del otro y ver hasta qué hito se puede llegar en ese itinerario.

Soy de la opinión de no cerrarse a la gama de posibilidades que nos despliega la vida en cuanto a placer sexual gay se refiere, y no permitir que tabúes como la posible ruina de una amistad o el tener ambos la misma opción frenen nuestras ansias de conquistar nuevas pieles.

Dedicado a la perrísima ingeniera pesquera limeña y a mi flamante amiguito el abogado piurano
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Activo + activo / Pasivo + pasivo. Alguien tiene que ceder

Actualmente es muy fácil obtener la respuesta “versátil” al preguntar a un gay acerca de su opción sexual. En ese caso, las posibilidades de complementación sexual son múltiples, ya que siempre habrá una manera de gozar del sexo si lo que buscamos es una penetración.  El dilema aparece cuando dos gays tienen la misma “inclinación” y para ambos, el jugueteo o el sexo oral no bastarían llegado el momento de la intimidad, pues el coito es un factor imprescindible en su vida sexual. ¿Qué hacer, sobre todo si hay un sentimiento de por medio y este “pequeño” detalle impide el que la unión se consolide? Citaré brevemente unos ejemplos a modo de ilustración de este tema.

Hace un tiempo conocí a alguien que me dijo que tenía una mezcla de dos sentimientos: emoción y preocupación. Emoción porque había conocido al hombre de su vida y pronto se iría a vivir con él. Era la realización completa de su existencia, lo que siempre había buscado; sin embargo, había un pequeño escollo en el camino: ambos eran activos, y ahí radicaba su preocupación. El chico de esta historia me dijo que “se inmolaría” por amor, considerando que era el menor de los dos la relación y que su futuro consorte no daría su brazo a torcer. Además, su pareja era descendiente de japoneses, y existía la creencia de que los nikkeis eran “maniceros” y este aspecto no le causaría tanta molestia a la hora de los encuentros (entiéndase que estos dos aún no habían tenido sexo). Finalmente no supe qué pasó con este “héroe” pues dejó de conectarse a la página en donde nos encontrábamos. Quién sabe el activo se cansó de ser el receptor del japonesito y, finalmente le pidió su “vuelto”, cosa que el otro no aceptó.

El otro caso corre por cuenta de  la casa. Mi último novio era activo, mas yo le aclaré al inicio de la relación que a mí también me gustaba, de cuando en cuando, explorar las entrañas de mi pareja a manera de reconocimiento de terreno. Él mostró preocupación por este punto ya que él había sido siempre activo y no estaba dispuesto a cambiar ese hecho; además, me dijo que al yo tener a un activo “latente” en mí, buscaría la manera de satisfacerme (si no era con él) con alguna otra persona y ello podría ocasionar un caso de infidelidad. En resumidas cuentas, en los dos años que tuvimos de relación, él “aprendió” a hacerme sexo oral y a prometerme que alguna vez – no muy lejana – se dejaría penetrar para satisfacerme. Verdades sean dichas, el romance terminó sin que se cristalizara esta promesa. ¡Qué nostalgia!

Me ha ocurrido también que he conocido pasivos que no están dispuestos a cruzar la frontera de su opción, o que me dicen: “lo siento, yo también soy pasivo, pan con pan no pega, bye”; cosas que considero fuera de toda lógica porque con un poco de ejercicio de actitud se puede llegar a un punto en el que ambos puedan gozar de sus cuerpos sin necesidad de ponerse una etiqueta prohibitiva. ¿Será tan difícil para algunos?

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Es ley de pasivo

mayo 13, 2011 6 comentarios

Hace un par de días contacté a un muchachito de 24 años y lo cité para un encuentro. Al concluir nuestro intercambio, me contó que él había empezado en “esto” como pasivo y que ahora prefería ser versátil porque una vez probó y le pareció muy placentero. Me refirió que cuando más joven (¿más?) había tenido parejas mucho mayores que él y que a veces el desempeñar el rol de pasivo le había causado ciertos inconvenientes como que si no debía comer mucho antes del sexo, o evacuar previamente, o, por último tener que esperar a que su compañero termine ya porque la fricción dentro de su ano se estaba tornando insoportable. Otra razón que adujo es que, ya que la naturaleza no lo había provisto de gran centimetraje, había preferido dar la espalda en un principio y afrontar otra realidad.

Yo lo escuchaba y, en la penumbra del cuarto, esbozaba una sonrisa de casi compasión. Este niño había pensado que la vida de un pasivo es fácil y que siempre que lo penetraran le sería sencillo alcanzar el orgasmo. Le expliqué que el ano no es un órgano sexual como la vagina, y por lo tanto, no tiene la “obligación” de proporcionarnos placer. Es cierto que hay muchas terminaciones nerviosas en esa zona y que podemos llegar a tener una estimulación muy agradable con ciertos tocamientos o hasta con sutiles introducciones; pero un pasivo se forja a fuerza de temple y resistencia. Productos como los lubricantes nos pueden ayudar a recibir un miembro con menor dificultad, pero, aun si hemos dilatado bastante, si la presa de nuestro menú es de proporciones orangutánicas, lo que tendrá que prevalecer es la resistencia y nuestras ganas de llegar hasta el final. Nuestro gran enemigo en esta batalla es el condón, pues, por más que el látex sea de muy fino espesor, el ritmo de la penetración hace que finalmente se pierda la lubricación y que empiecen las molestias. Desafortunadamente, necesitamos de esta forma de precaución, sobre todo si lo hacemos con un desconocido.

Y es que ser pasivo requiere sacrificios y tenacidad, por ello es que algunos activos dicen que buscan “un pasivo aguantador”, pues no les habrá faltado aquéllos que tiran la toalla a mitad de camino porque no han aprendido que, como dicen los gringos, “no pain, no gain” .

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