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Posts Tagged ‘recuerdos’

La música que ellos me dejaron

marzo 10, 2013 3 comentarios

Buena parte de la música que hoy disfruto en mi vida se la debo a mis ex. Ellos, sobre todo los que retuve (y a veces, mantuve) por más de un año, fueron los que me dejaron esa herencia musical que supe apreciar e interiorizar para siempre. Cada canción me hace evocar hoy los instantes felices que pasé con ellos, y hace olvidar, por un instante, las álgidas peleas o trágicas rupturas que pusieron el punto final a aquellas relaciones.

Collage 1Por ejemplo, la perrita de sauna, una persona con la que conviví durante más de dos años me presentó a Andrea Bocelli en todo su esplendor, cantando sus solos y dúos, pasando de géneros tan exigentes como la ópera e incursionando con bastante tino en el pop y hasta en el bolero. No está de más también mencionar los astros de la balada Sin Bandera o Alex Ubago, con cuyas canciones yo sentía que me enamoraba más de mi pareja y de la vida.

Colage 2Luego, en aquél verano inolvidable, aquellos casi tres meses que pasé en el norte del país, el piurano cultivaba un excéntrico tipo de música que iba acorde con su personalidad desequilibraba. Llegué a hacer pan de cada día, melodías quase satánicas de agrupaciones como Tool, Cradle of the Filth y H.I.M. (His Infernal Majesty), estos últimos que supe guardar muy dentro de mi corazón con canciones que he hecho mis favoritas, como Venus in our Blood o Play Dead.a19la-quinta-estacion

Y ahora último, abriendo un viejo baúl que mantenía lejos de mí por temor a recrudecer viejas heridas, redescubrí a La Quinta Estación, un grupo que una noche, el último de mis ex me presentó y que me pareció que tocaban un tipo de música de una talla perfecta para mi oído. Está de más decir que durante los últimos cuatro o cinco días he venido escuchando esas canciones sin cansarme, pues, como ya he dicho en este blog en ocasiones pasadas, la música llena todos mis espacios y me transporta por el aire a lugares que me sería difícil llegar a paso natural.

Los dejo aquí con mis Sueños Rotos, de La Quinta Estación.

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Todo lo que tengo que hacer es irme de aquí

octubre 16, 2011 5 comentarios

Ya ha pasado casi un año y todavía me acuerdo de él. Sé que suena a cantaleta, pero mis sueños y ensoñaciones se ven a menudo provocados porque encuentro alguna de sus pertenencias en algún cajón, o recuerdo cuando comíamos o dormíamos juntos en el departamento que actualmente habito.

Apenas terminó nuestra relación tuve el impulso de buscar otro lugar para no seguir evocando momentos compartidos en este nuestro ex espacio común; pero me contuve. Me dije a mí mismo que no debía precipitarme porque el despecho es mal consejero; además, el beodo que me alquila este lar me propuso rebajarme la renta a cambio de que me quedara porque “estaba contento conmigo”. A pesar de este beneficio, varias han sido las veces en que he estado a punto de tomar una nueva opción de vivienda, pero mis dudas para tomar una decisión no permitieron que fuese yo el elegido para habitar nuevos hogares.

En la actualidad, ya con el corazón ansioso por nuevos cobijos, me frena la idea de seguir aquí, de continuar llamándolo con la mente e imaginarlo otra vez a mi lado. Pienso que talvez nunca pueda llegar a olvidarlo totalmente, pero en definitiva, el desocupar este sitio (tan cercano a la mazmorra de mi suegra) me regalará un suspiro de alivio y un boleto hacia una liberación de todo lo que significó ese período de convivencia. Es hora de empezar ya a empacar y dejar el pasado atrás … de una vez por todas.

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Guardianes de mi corazón

Después de haber intentado una vez más apostar por la felicidad al lado de alguien y haber recibido al final una decepción más (si no la peor), era menester hacer algo por el pedazo de carne achicharrada que me quedó en el pecho. No podía dejarlo más a la intemperie o a merced de cualquier ente carnicero que le pudiera hincar el diente haciéndolo sangrar más, así que resolví construir una muralla inexpugnable alrededor de él y tomar los carísimos servicios de sendos centinelas duchos en el oficio de resguardar objetos de valor; y los resultados obtenidos hasta hoy han sido los esperados.

El primero de los custodios es mi orgullo, quien vigila los exteriores. Encargado de decidir la altura de la muralla: mientras más alta, mejor, así nadie podrá jamás llegar al borde e intentar saltar al interior. Mi suficiencia tiene también bajo su responsabilidad la densidad de la fortaleza, pues el espesor es capaz de impedir la permeabilidad de una palabra cariñosa, promesa o una mirada tierna … todas chocarían contra la inexpugnabilidad y se harían trizas en cualquier intento de conquista.

El segundo vigilante es el recuerdo. Él resguarda los interiores y es quien me habla todos los días acerca del sacrificio invertido en jornadas pasadas y me muestra la factura en lágrimas que he tenido que pagar todo este tiempo. Mis memorias me aconsejan que tenga siempre en cuenta que no sirven de mucho los años o la experiencia, pues siempre el dolor es nuevo y crea anticuerpos que el olvido no sabe destruir.

Ambos celadores trabajan 24 horas al día y han sabido neutralizar todas las posibles amenazas que me han rondado en los últimos meses. Mas tengo un gran temor; mi corazón aún corre peligro, aún puede quedar al descubierto y sufrir un nuevo revés. A pesar de que estos mis fieles vasallos han batallado en sendas guerras y salido victoriosos de muchas de ellas, ellos tienen una adversaria ante la cual son capaces de bajar la cerviz y deponer las armas, pues sienten, en lo más profundo, que son hijos carnales de ella y que le deben su existencia, y, como caballeros leales que son, nunca sacrificarían sus valores de llegar el momento de enfrentarla. Sé que se rendirán al verla llegar, pues es la más terrible de todas … la cruel y fría soledad.

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