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Las nuevas piernas del poder

junio 5, 2011 8 comentarios

Si lo hubiera visto en short antes habría votado por él

Parece ser que se la llevó. Según los resultados a boca de urna propalados por las principales empresas encuestadoras del país a las 4 de esta tarde (hora peruana), Ollanta Humala ganó las elecciones presidenciales 2011 en segunda vuelta, derrotando a su adversaria Keiko Fujimori Higuchi. La empresa Apoyo le dio a Humala un 52,6 % y a Fujimori un 47,4%, mientras que Datum otorga 52,7% al representante nacionalista y 47,3 a la candidata de Fuerza 2011.

Los partidarios y simpatizantes del virtual ganador, celebraron la victoria ni bien se dieron los primeros flashes informativos en los medios peruanos. Los virtuales derrotados declararon preferir a que se manifiesten los resultados oficiales antes de emitir una opinión acerca de los resultados.

Mas, el conteo rápido al 100% no hace más que ratificar la tendencia ganadora de Humala en todo el país. La candidata Fujimori tuvo gran respaldo en la capital del Perú, mientras que Humala Tasso recibió el apoyo de las demás ciudades del territorio nacional; especialmente en las zonas rurales.

Suficientes nueces, a mi modo de ver

Aún cuando los medios de comunicación peruanos ya dieron anoche su veredicto acerca del debate de candidatos en la segunda vuelta (“mucho ruido y pocas nueces”), yo puedo decir que sí fue lo suficientemente consistente y permitió que el electorado se formase una idea más clara de quiénes son los que pretenden gobernar los destinos del país a partir del 28 de julio.

La candidata Fujimori, desplegando, una vez más, mucho carisma y dominio de escena, mencionó programas sociales y económicos con nombre propio y prometió combatir la violencia urbana con el apoyo de todos los ciudadanos. Ofreció, además, luchar frontal y personalmente  contra el narcotráfico y la corrupción. Al ser inquirida acerca de que si su padre gobernaría a través de ella, la candidata de Fuerza 2011 respondió que es ella quien está al mando de toda su campaña y que es ella quien gobernará de ser elegida presidenta. Al final de su intervención, que despertó una ovación entre los asistentes al debate y que tuvo que ser interrumpida por el moderador, la descendiente nipona dio su frase final en lenguaje sordomudo, apelando, una vez más a los recursos escénicos en los que ha sido adiestrada.

Por su parte, el candidato de Gana Perú, también esbozó planteamientos económicos y sociales, tales como aumentar el sueldo mínimo vital, atender la situación de los jubilados y favorecer el uso de los recursos producidos en el Perú por los propios peruanos. Humala subrayó en varios momentos de su intervención el hecho de que Keiko Fujimori fue la primera dama en el régimen fujimorista y por ende participó en muchas de las decisiones funestas que se tomaron durante dicho gobierno. Ollanta también se refirió al presunto vínculo de la familia Fujimori con el narcotráfico y a que su actual grupo de gobierno potencial está formado por personajes de los tiempos de la dictadura de su padre. Finalmente dijo: “sobre mí hay dudas, sobre ella hay pruebas”, aduciendo al mal término de ese gobierno de la década de los ’90.

Pude percibir una total abstinencia de la candidata a mencionar los vínculos de Humala con Hugo Chávez y un aparente mutuo acuerdo de no mencionar el tema de las matanzas aparentemente perpetradas en el Fujimorato o en la época en la que Humala pertenecía al ejército peruano. ¿Casualidad? Misterios sin resolver. Sin embargo, en líneas generales, me pareció un debate alturado e informativo, sin demasiada carnicería (que es lo que los medios buscan). Mas mi decisión final sigue siendo la misma: votaré en blanco, aunque quepa la posibilidad de que mi voto sea manipulado; al menos estaré en paz con mi conciencia y no seré cómplice del descalabro futuro por haber elegido al “menos malo”, que, por cierto, ¿quién es?

Chau, Humala

Las últimas encuestas presidenciales señalan una ventaja (aparentemente corta) entre los dos candidatos presidenciales en esta segunda vuelta. De esta manera, se ve el despunte de la candidatura de Keiko Fujimori, quien, hasta hace un par de semanas, se encontraba a menos de un punto porcentual de Ollanta Humala.

La responsabilidad de este incremento en la preferencia a la hija del ex presidente la tienen los medios. Es clara y evidente la manipulación que han ejercido ciertos canales de televisión y medios impresos (y virtuales) hacia el desprestigio cada vez más impío del candidato Humala. A diario se pueden ver noticias culpándolo de sucesos como el Andahuaylazo o confirmando su, ahora negado por él en todos los idiomas, vínculo con Hugo Chávez. Todo este cargamontón mediático ha obligado al nacionalista a morigerar su otrora radical propuesta y poner cara de “yo no fui”. Ha cambiado su plan de gobierno; ha firmado el acuerdo nacional de gobernabilidad (cosa que se resistía a hacer al principio) y recorre el Perú de cabo a rabo mostrándose afable y cercano, prometiendo que no tocará los fondos previsionales de los peruanos o ahuyentará las deseadas privatizaciones que dan liquidez y empleo en nuestro país.

Por su lado, a pesar de algo de veneno que circula en la internet sobre los delitos de su padre, la señora Fujimori recibe el respaldo de figuras públicas (incluido el propio presidente) y se dice inclusive que la DIROES, donde vive recluido su padre, es el centro de su campaña y que es el mismo ex presidente el que está manejando los hilos de esa candidatura mientras los poderes del Estado se han dado la vuelta para “no ver” lo que está ocurriendo. Es por demás sabida la complicidad que siempre existió entre el partido de gobierno y los Fujimori (fueron los apristas los que llevaron a Fujimori al poder el 1990), así que a nadie sorprende el tácito apoyo a la candidata nipona.

A estas alturas y basándonos en experiencias pasadas, la tendencia ya parece irreversible. El porcentaje de votantes indecisos se ha reducido, de 20 a 10% y así el Perú avanza hacia el espeluznante cinco de junio, día en que, guiados por la desidia, volveremos a dar un salto al vacío votando por el candidato “menos malo”. Nunca cambiaremos …

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El payasito electoral

El cardenal Cipriani vuelve a verter comentarios en la segunda parte de la contienda electoral peruana.  Ahora sugiere que el panorama de esta segunda elección no presenta transparencia ni honestidad, sin embargo, tampoco apoya al voto en blanco porque dice que es como “patear la pelota fuera de la cancha”. El tema aquí es claro, él quiere que gane Humala dado que, en la reunión que sostuvo con dicho candidato podrían haberse dado las condiciones para que la Iglesia se beneficie mucho más en un posible gobierno nacionalista. Lo único que le interesa es recibir más dinero para poder mantener el estilo de vida lujoso que ostentan quienes están en los cargos más altos del clero.

Por otro lado, al opinar sobre los planes de gobierno que mencionan la homologación de condiciones maritales para personas del mismo sexo, dice que el matrimonio homosexual no está dentro del plan de Dios, y yo me pregunto: “¿Qué sabe Cipriani del plan de Dios? ¿Acaso es Dios?” Nadie más lejos que él para ser el intérprete o embajador de una divinidad, todo lo contrario.

Tendríamos que decir a este señor faldón que se dedique a educar mejor a sus curas para que lleven una actitud honesta de servicio a la comunidad y que no se dediquen a cometer delitos contra la libertad sexual en contra de menores de edad. También, que se recoja la sotana y se zambulla en las zonas más deprimidas para ayudar a tantas personas que necesitan mucho más que un discursito pomposo acerca de una Salvación futura. Ellos necesitan una salvación aquí y ahora.

Nuestro derecho al voto en blanco

Ante los resultados del conteo total (al 100 %) de los votos válidamente emitidos en las Elecciones Generales 2011, hemos de dar nuestro punto de vista acerca del panorama que tenemos en frente.

El escenario electoral que se vislumbra para la segunda vuelta es similar al que tuvimos en 2006 cuando pasaron a segunda elección Alan García (actual presidente) y Ollanta Humala (actual primer favorito para la presidencia). Sin embargo, la diferencia es que en la coyuntura de aquel año estaba mucho más fresco el recuerdo de la catástrofe que significó para el Perú el gobierno de Alan García. Frescas estaban también las propuestas del otro candidato, quien había dicho, entre otras cosas, que nacionalizaría la banca, expropiaría los medios de comunicación y fusilaría a los homosexuales, entre otras joyas. Pese a todo, el pueblo votó por el “mal menor” y es así como tenemos nuevamente al señor García.

Ahora, tenemos nuevamente al nacionalista, pero con maquillaje nuevo, libre de ese halo de maldad que lo acompañó en antaño, y está, también, la hija del nipón encarcelado, quien, detrás de su imagen de beata, guarda una caja de Pandora que sólo abrirá si resulta elegida presidenta. Ambos echan mano de la amnesia de los viejos votantes o, talvez, acarician las conciencias vírgenes de los nuevos electores. Mas, el tercer y talvez más importante personaje de esta segunda vuelta es la errada idiosincrasia peruana, la manía de sentirse obligado a elegir entre uno u otro porque “es lo correcto”. No hay manera de sacarse la venda y darse cuenta de que el futuro del país está en manos de todos los peruanos, no en manos de dos finalistas que podrían causar daños irreparables a nuestro Perú.

El voto en blanco es un derecho que nos asiste desde siempre; el problema es que existe la errada creencia de que un voto en blanco o nulo se sumará a los del candidato que obtenga más votaciones. Si la mayor parte del Perú reamente quisiera un cambio, votaría en blanco y, al resultar la mayoría de cédulas sin marca alguna, se tendría que convocar forzosamente a nuevas elecciones, pues, si nos equivocamos en la primera vuelta, tenemos derecho a rectificarnos … todos lo tenemos.

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