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¿Te someterías a una terapia sicológica por amor?


Después del fracaso de una relación es muy común echar la culpa al otro del mal término; que si no me comprendió, que si me mintió, que si no me toleraba, que si arrastraba muchos fantasmas del pasado, etc. Todo con el único afán de quedar uno mismo como la santa víctima y mártir de las injusticias del ex, y contar a los amigos lo desafortunados que somos en el amor porque “una vez más” nos volvimos a equivocar.

¿Qué hay de cierto en esto? Sobre todo cuando después rasgamos nuestras carnes evocando infinitamente los buenos momentos y las innumerables y hermosas experiencias que pasamos en pareja. Es más, nuestro mejor amigo, a quien recurrimos como primera instancia como paño de lágrimas para contarle acerca de nuestra ruptura, es precisamente ahora quien nos escucha mencionar al ex en cuanta conversación tengamos, pues cada tema y cada cosa que hagamos trae un recuerdo suyo. Entonces ¿No todo fue malo? Y si es así ¿Por qué terminamos? Si todo era tan bonito, y los momentos de crisis eran sólo unos cuantos ¿No hubiera valido la pena buscar otro tipo de ayuda?

Es totalmente común en otros países el recurrir a un sicólogo (o siquiatra) en cualquier momento de la vida para solicitar un consejo o una guía antes de cualquier paso que se quiera dar. Es útil y muy necesario tener cerca a un profesional de la mente durante todas las etapas del desarrollo humano, ya que el bienestar sicológico es tan importante como el físico. Nuestra cultura no lo fomenta; sólo nos preocupamos de los males externos y solicitamos medicina, tratamiento o cirugía a nuestro médico de cabecera cuando ello ocurre; mas, cuando algún mal del “alma” nos aqueja, quedamos tan mal parados que somos capaces hasta de suicidarnos, porque ir al terapeuta es cosa de locos y nosotros ¿no lo estamos?

Y, finalmente, si nuestro romance tenía cosas rescatables, y no dejaron de asomarse por ahí frases como “te amaré por siempre” o “eres el amor de mi vida”, ¿Por qué es que lo dejamos ir? ¿Por qué no fuimos capaces de recurrir a alguien del exterior que nos lo pudiera ayudar a rescatar? ¿Qué pasó con la ayuda profesional, no estaba en nuestro directorio telefónico? ¿Nos creímos tan omnipotentes como para poder resolver un tema tan delicado con nuestras propias y torpes manos? ¿Pudo tanto nuestro orgullo como para decir que podíamos echar al agua el 50% de nuestro ser y seguir caminando después como si nada?

  1. agosto 4, 2011 en 6:08 am

    ¿Terapia? pues creo que sí recurriría a la misma si tuviera que superar una ruptura o bien para mantener mi relación.
    Aquí si se fomenta la misma, de hecho la Seguridad Social Española, te da una ayuda de este tipo y si hay depresión de por medio puedes pedir la baja laboral indefinida.
    Pero creo en el caso de nosotros como gays nos creemos lo que bien dices, omnipotentes que podemos con todo. Si uno se va, otro viene. Y mientras que llega hay que besar muchos sapos y cuando ya no te queda ninguno, te quedas mas solo que la una.

    Los amores eternos no existen y si una pareja no funciona creo que se deberían agotar todas las opciones a nuestro alcance antes de tomar la decisión de tomar terapia. Una terapia en ocasiones implica separación, que es lo que principio no se quiere, pero si dos personas que conviven juntas toman terapia para salvar la relación, el estar juntos no es adecuado.
    Eso tambien es un arma doble. Recuerdo una pareja de amigos que tomaron terapia debido a las múltiples infidelidades que cometía uno de ellos. Mientras tomaban terapia y convivían siempre se agredían verbalmente. Luego se separaron y siguieron tomando terapia, pero el autoestima del afectado se fortaleció y esa separación le sirvió para darse cuenta que quería estar solo ya que ligaba mucho y abandonó el tratamiento. El culpable de todo, siguió con la terapia porque no soportaba su vida sin su ex, aunque lo haya corneado peor que toro en celo.

    En otras sociedades mientras no se quite la noción “tomar terapia es porque estás loco” se seguirán produciendose rupturas conflictivas, decepcionantes, que a muchos los hacen caer un hermetismo emocional, supuesto egocentrismo personal, insufribles como pareja o en el alcohol, drogas, locura extrema, agresión fisica en el peor de los casos.

    Saludos 🙂

  2. agosto 4, 2011 en 9:39 pm

    Si el Seguro Social peruano diese descanso laboral a los trabajadores por depresión (lo cual me parece muy lógico y oportuno, ya que la depresión es también un mal que afecta al individuo), la mitad de la población estaría en sus casas. Mas, lo mejor de todo es que sicólogos y siquiatras tendrían más trabajo y, claro está, nosotros tendríamos mejor salud mental.

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